“El bamboleo de la hoja”, surrealismo humorístico de mano de Carlos Leal Solar

Continuamos desgranando obras recientes y no tanto en nuestro #MundoLiterario. Hoy os presentamos la primera

Continuamos desgranando obras recientes y no tanto en nuestro #MundoLiterario. Hoy os presentamos la primera novela del escritor y músico Carlos Leal Solar, “El bamboleo de la hoja“. Una obra irreverente y surrealista que ya ofrece trazos de lo que sería su obra posterior “Pensamientos para sonreír moderadamente“.

libro-dos“El bamboleo de las hojas” son dos libros amparados bajo el mismo título. No nos referimos a que esta obra se componga de dos relatos distintos unidos bajo una misma edición, sino que el libro es capaz de dividirse y transmutarse como las estrellas de mar cuando son mutiladas; como el haz y el envés que, siendo tan distintos entre sí, dan lugar a una única hoja, y como la unión de miles de estas crean el concepto de árbol. Tras esta novela de aparente corte humorístico, se encierra una honda reflexión por parte de un autor situado al margen de clichés y etiquetas. Una obra en la que el viento, la memoria y la toma de decisiones de las personas se tornan el eje principal de su construcción. Necesitaremos muchas páginas para saber el porqué de su título, pero muy pocas líneas para darnos cuenta de que estamos ante una obra renovadora, reveladora y tremendamente divertida.

El surrealismo humorístico del que hace gala Carlos Leal Solar podríamos decir que está en una corriente cercana a la de Eduardo Mendoza o a la del maestro John Kennedy Toole. Retorcer semánticamente una situación, utilizar las palabras para desbaratar imágenes y diálogos, convertir a los personajes en seres perdidos en la búsqueda de sí mismos, en objetos mutables ante el radical desbarajuste del azar… Está claro que hay obras que se escriben para darle la vuelta por completo a la realidad, para denunciar el absurdo que se esconde en lo cotidiano y, en fin, para hacer reír al lector y hacerle viajar a un lugar donde no impere la todopoderosa ley de la razón. Parece que los personajes de “El bamboleo de la hoja” no son meros actores de una trama, sino que toman posesión de la obra y la modelan a su antojo. Dice, de hecho, el autor en su prólogo: «Estoy convencido de que cuando pensamos algo, de alguna forma lo imaginado toma carta de realidad, quizá en otra dimensión de la que no tenemos constancia, pero con cuerpo y vida propios (…) Una historia que escuchamos, una película que vemos, un pensamiento que nos viene a las mientes… son poseedores, por tanto, de una vida per ser; y si de verdad alcanzamos a comprender su significado, lo que entendemos por irreal (…) toma tintes sustantivos de una naturaleza real e incontrovertible». Todo lo que acontece en “El bamboleo de la hoja” es real, pero en otro plano que aún no conocíamos.

En “El bamboleo de la hoja” encontraremos a personajes tan disparados y divertidos como Orlad, que movido por su poderosa fe cristiana salva a personas de sus tendencias suicidas; nos sorprenderemos con Mara, cuyas tendencias suicidas harán acto de presencia pronto en la novela; temeremos al doctor Manuel Altolaguirre (nada tiene que ver con el poeta malagueño de la generación del 27), que esconde un oscuro secreto y una praxis médica un tanto amoral; compadeceremos a Recadera, curiosamente novia del hermano del doctor; confraternizaremos con el obsesivo agente Héctor Garrayales; visitaremos a Dora, amada de una manera un tanto extraña por Manuel, y a la intrépida y atormentada periodista Dominga Caraza, relegada a la confección de los crucigramas y juegos de palabras del periódico («de tanto mimetismo como era capaz de albergar, fruto de la ‘vorágine’ infausta en la que estaba inmersa (…), su sonrisa se había convertido en una quimera, en tanto su incapacidad de producirla»); descubriremos las poco habituales prácticas científicas del portero del edificio de Orlad, que cura a la gente con una máquina de terapia electroconvulsiva…

Otro punto a señalar sobre “El bamboleo de la hoja” es que encontraremos muchas trazas de lo que sería posteriormente “Pensamientos para sonreír moderadamente” (Ver Reseña aquí): «se trataba de un santo que había querido volar, con el resultado milagroso de no haberlo conseguido», «toda su vida había ido contracorriente, (…) hasta sus viajes lo eran hacia el Oeste contraviniendo la dirección Terrestre», «entrar en una casa significa salir de un enorme habitáculo», «tiene tan mal concepto de sí mismo, que a los enemigos les inflige su amistad», «siempre he creído que una conversación es una fotografía, y un escrito artístico las huellas dactilares del pensamiento del autor»Surrealismo humorístico y juegos de palabras que se cuelan entre historias que cobran vida propia como el aleteo de un pájaro.

El libro primero (“Historia principal”), que se preside por la frase «Aún te quiero por aquellos momentos… te dejo de querer porque ya no los recuerdo», comienza retratando a Orlad, redentor incurable de suicidas, que un día trata de salvar a Mara de su acto de inmolación «estaba pasando por una mala época, y un día, después de hacer pública su renuncia a la vida (…) se encaminó a la terraza del piso más alto del edificio donde se ubicaban las oficinas en las que trabajaba, y tras asomarse al balcón, y ver en la calle una cámara de fotos apuntándola, advirtió su falta de maquillaje e ipso-facto reculó. Este lapso de tiempo fue suficiente para que Orlad llegara con su misión redentora». Ante ellos se arremolinan vecinos y camiones de bomberos («al poco, las mangueras del camión comenzaron a anegar un balcón próximo repleto de macetas, favor que a una entrañable y desvalida ancianita nadie hubiera sido capaz de negar ni en tales circunstancias»), mientras Orlad trata de convencer a Mara de que la vida merece la pena. Finalmente Mara decide saltar al vacío pero es salvada por los bomberos.

Tres meses después de este incidente, transcurre Orlad a través de un sofocante verano cuando se encuentra con un nuevo intento de suicidio. Es un santo que se ha lanzado al vacío y milagrosamente no ha volado. La gente está escandalizada porque a raíz del trágico episodio se ha descubierto que el santo en realidad tiene una hija, aunque como descubriremos la entrada al barrio de este señor no había sido muy normal: «Un buen día había llegado a la plaza del lugar y, tras encaramarse a un árbol del parque, había comenzado a piar a la par que oscilaba sus brazos cual alas desplumadas ora arriba, ora abajo. Los habitantes del barrio lo catalogaron como un iluminado, que todas las mañanas, con una puntualidad pasmosa y nunca menos de cinco horas por jornada, imitaba a los pájaros en la rama de un vetusto pino». El presunto santo en realidad se trataba de un ornitólogo que estudiaba a una pareja de jilgueros que anidaban en el árbol. Orlad, como no podía ser de otra manera, queda prendado de la bella hija del ornitólogo, con la que inmediatamente trata de casarse pero acaba en el hospital víctima de una hostia en mal estado de las muchas que se repartieron en la ceremonia nupcial.

Y será precisamente a través del hospital como Orlad terminará conectando con otro de los personajes claves de esta novela, «un siniestro personaje transita por los pasillos del hospital. (…) Su aspecto exterior no condice con su verdadera esencia: la de un ladrón sin escrúpulos, un ser carente de la más mínima sensibilidad.» Se encamina a una sala, abre un potente congelador y extrae varias bolsas llenas de vísceras imprecisas, tras lo que huye rápidamente de allí. ¿Qué se traerá entre manos este extraño personaje?

Mientras tanto, Orlad despierta convaleciente aún de su intoxicación y encuentra una extraña nota,Nunca No me mataré si     vienes hoy, firmada por Mary (una joven inglesa a la que tiene que persuadir de sus tendencias suicidas cada primero de mes). Como no podía ser de otra manera para nuestro particular antihéroe mendociano (recordemos “El misterio de la cripta embrujada” o “El laberinto de las aceitunas”), sale pitando del hospital en busca de la joven suicida (y encontrándose por el camino con Mara, siempre temblando). Esto desencadenará una retahíla de kafkianos sucesos que harán desfallecer al pobre Orlad.

Cuando tratan de salvar a la joven, ésta se lanza al vacío («allá voy madre Tierra, acógeme en tu seno, -como si la Tierra pudiera optar por otra alternativa-»). Como consecuencia de ello, Orlad acaba en la cárcel, acusado de haber provocado con su presencia la muerte de la chica («al poco se percató de que en inglés dos negaciones contiguas afirman, por cuanto que se anulan mutuamente. Nunca no me mataré si vienes hoy. ¡Cómo pudo pasársele por alto!»). Pero suceden cosas mucho más extrañas mientras tanto. Como el médico que intenta tomarle el pulso a la suicida de un modo verdaderamente poco usual, o la entrada en escena del entrañable agente Héctor Garrayales que descubrirá el contenido espeluznante de la caja que acompaña al sanitario.

Comenzará así una rocambolesca aventura que nos llevará a Dora y su espera de un riñón donado, a las pesquisas inculpatorias contra Orlad, al extraño caso de un paciente del hospital en cuyo interior ha aparecido una botella partida en mil pedazos, a la trágica historia de Rosa (llamada en realidad Recadera), que fue abandonada antes de la boda por su novio Atilano (hermano de Manuel) a partir de una cruel misiva llena de tachones… Pero sobre todo conoceremos el oscuro secreto del doctor Altolaguirre, y el precio tan alto que es capaz de pagar por conseguir sus objetivos.

En la segunda parte del libro, (“Historia tangencial”), descubriremos otros planos de la novela. El autor se aleja de la trama principal de la parte anterior para centrarse en el proceso de descubrimiento de uno de los personajes más importantes a la hora de dar sentido a la figura retórica de la pérdida de memoria que se desarrolla en la primera sección. Con ello, se internará en la explicación de la esencia más trascendental que tiene la obra, y que en realidad articula toda esta trama para desarrollar así el discurso filosófico de Carlos Leal Solar. La felicidad como ausencia de recuerdo, como quimera en la que centrarse para huir de la realidad, comprendiendo por fin el lector el porqué del título “El bamboleo de la hoja”. Esta zona del libro es posiblemente de lectura algo más complicada, en tanto la prosa del autor se vuelve aún más vanguardista. Se compone de notas de presidentes de comunidades de vecinos, poemas satíricos y zonas de poesía prosada o prosa poética en la que, aunque las líneas no están quebradas en versos, la musicalidad e incluso la rima de las palabras interiores clarifican la intención de Carlos Leal Solar. Como decimos, se interna en el aspecto más reflexivo de la obra, y es por ello y por su clara apuesta vanguardista, por lo que podemos decir que es la parte más valiosa de esta novela.

En resumen, un libro que os hará imaginar pero también reflexionar, en el que los personajes pueden ser lienzos sobre los que dibujar tesis filosóficas pero también herramientas con las que conseguir la carcajada del lector. Si os gusta el humor de lo absurdo y la trascendencia reflexiva, os recomendamos esta obra diferente e irreverente escrita por un autor original y provocativo.

Autor de la reseña: Kike Hernández

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BIOGRAFÍA DEL AUTOR: CARLOS LEAL SOLAR

Nació en Bergara (Gipuzkoa). Es profesor de guitarra clásica y ha publicado dos libros hasta la fecha. Desde su infancia estaba fascinado por las frases e ideas provistas de ingenio, por lo que acumuló durante años cientos de ellas en los más variopintos soportes.

Con su primera novela “El bamboleo de la hoja”, demostró su pasión por el humor. Con su segundo libro, “Pensamientos para sonreír moderadamente” se ha introducido aún más en el terreno del surrealismo humorístico y filosófico.

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