Entrevista a Beatriz Olivenza, autora de ‘Lo que esconde el blog’ | #MundoLiterario

Continuamos entrevistando al blogueros, en esta ocasión recibimos a Beatriz Olivenza, autora de ‘Lo que

Continuamos entrevistando al blogueros, en esta ocasión recibimos a Beatriz Olivenza, autora de ‘Lo que esconde el blog’:

 ¿Cuándo nació tu pasión por la literatura?

A una edad muy temprana. Mi primer impulso fue el de dibujar, pero pronto comprendí que no tenía capacidad para expresar plásticamente lo que bullía en el interior de mi cabeza. Como mi otra gran pasión era leer, me lancé a contar historias. Guardo cuadernos muy antiguos llenos a rebosar de aquellas narraciones infantiles. Están escritos con una letra insegura, de niña pequeña. No debía de tener arriba de seis o siete años.

 ¿Cuándo diste tus primeros pasos por la blogosfera?

En diciembre de 2010 inauguré Lo que esconde el blog, que es mi primera y hasta la fecha única incursión en la blogosfera. La idea de crear un blog me rondaba desde hacía tiempo y aproveché unas vacaciones de Navidad para llevarla a la práctica.

 ¿Qué encontrarán los usuarios que entren en tu blog?

En principio, mi intención era crear un blog dedicado a temas literarios, pero a medida que iba escribiendo entradas me dejé llevar por la tentación de dar cabida a otros asuntos que me entusiasman: la pintura, la fotografía, el cine, la escultura… Con el tiempo se ha ido convirtiendo en un espacio donde voy atesorando todo aquello que me interesa desde el punto de vista artístico. También escribo en ocasiones textos en los que vuelco inquietudes más personales o vinculadas a temas de actualidad. Además de las entradas que se publican periódicamente, existen una serie de secciones fijas. Una de las que registra más visitas es la titulada El cuadro de la semana, en la que comento obras pictóricas de distintos estilos y épocas que me han llamado la atención al verlas en exposiciones o navegando por la red. Llevo más de doscientos cuadros comentados; he aprendido y disfrutado mucho con esta sección.

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 ¿Cuáles son tus autores/as preferidos?

Qué difícil. Voy a quedarme con tres, pero que conste que me cuesta elegir. En primer e indiscutible lugar, Julio Cortázar, que me descubrió una forma distinta de mirar la realidad y al que no me canso de releer. En segundo, Merçè Rodoreda, una autora que, en mi opinión, no ha sido justamente valorada. Una novelista capaz de crear un universo narrativo tan personal y sugestivo como el de Espejo roto se merecería una apreciación más alta, que tal vez habría alcanzado de no haber escrito su obra en catalán. Y finalmente, no puedo olvidar a otro mago capaz de percibir la realidad de una manera única: Ray Bradbury.

 ¿Cómo ves el panorama literario en España?

La palabra “panorama” creo que es suficientemente reveladora: los panoramas se aprecian en su conjunto desde la distancia; mal podemos captarlos cuando estamos inmersos en ellos y carecemos de perspectiva. Me sería mucho más fácil hablar del panorama literario en el siglo XIX o en la posguerra, por ejemplo, que en la actualidad. Aun así, intentaré hacer un par de reflexiones sobre lo que modestamente he sido capaz de apreciar. Es evidente que en la actualidad el número de personas que escriben se ha disparado de forma extraordinaria, así como los mecanismos para difundir sus obras, que no siempre pasan por las publicaciones convencionales. A mí esto me parece positivo: se colará mucha morralla, de acuerdo, pero también habrá mayores posibilidades de que los auténticos talentos salgan a flote por medio del boca a boca, la autoedición, la difusión en las redes sociales, etc. También aumentan las posibilidades de que cada lector encuentre lo que le interese, que no tiene necesariamente por qué ir unido a la calidad literaria. Creo que con frecuencia los escritores se atrincheran en un desdén aristocrático: piensan que se escribe demasiado, que todo el mundo cree tener algo que decir y saber cómo hacerlo, y eso solo puede conducir a la vulgarización del divino don de escribir. Yo no estoy de acuerdo. Que escriba el que sienta la necesidad y que publique el que encuentre la manera; el tiempo ―y el gusto de los lectores― colocará a cada cual en su sitio, que no tiene por qué ser el mismo que le otorgarían los manuales de literatura.

Hay, por otra parte, una cierta tendencia a hablar de la escasez de auténticos talentos, de la mediocridad de la narrativa actual. A mí me parece que una sensación semejante ha existido en todas las épocas. Es la típica afirmación de «ya no quedan escritores como…», seguida por el nombre de cualquier genio indiscutible fallecido décadas atrás. Es fácil que lo escrito en tiempos precedentes nos parezca de superior calidad: solo pensamos en lo que ha perdurado, que es lo realmente bueno. Acaba de morirse, por ejemplo, ese maestro bronco e insobornable que era Rafael Chirbes, y lo ha hecho al pie del cañón, con una novela recién acabada. ¿O qué me dicen, por ejemplo, de Jesús Carrasco, que se descolgó hace un par de años como salido de la nada con esa novela brutal y redonda que es Intemperie?  A mí me parece que hay talento, aunque, claro está, no todo lo que se escribe es bueno. Tampoco lo era en el Siglo de Oro.

¿Qué opinas sobre las redes sociales? ¿Son una herramienta útil para que la cultura crezca?

En cierta medida, ya he contestado a esto en la pregunta anterior. Las redes sociales son un poderoso potenciador de todo lo que conforma nuestra sociedad, lo positivo y lo negativo. ¿Son útiles para que la cultura crezca? Por supuesto. Igual que lo son para difundir la estupidez, la grosería, la superstición o cosas más peligrosas como la agresividad o el odio. Yo me quedo con lo que tienen de herramienta útil para saltar barreras y poner en contacto a cada cual con sus iguales, por muy alejados que estén por cuestiones espaciales o de circunstancias. Qué no habría dado yo, cuando era una adolescente que se sentía sola porque le gustaban cosas tan atípicas como la literatura o el cine clásico, por haber conectado con otras personas con las que compartir mis aficiones. O, por lo menos, por haber encontrado espacios en los que dichos temas se tratasen y haber descubierto así que no era un ser tan extraño. Se habla mucho de la soledad a la que están abocados los jóvenes, perpetuamente sentados frente al ordenador. Yo creo que se están comunicando de otra manera. También se puede estar muy solo rodeado de personas.

 ¿Qué opinas de la cada vez mayor publicación de libros autoeditados?

Es una proliferación perfectamente explicable por el hecho de que el mundo editorial está cada vez más blindado. Es un círculo vicioso: un editor no arriesga su dinero por ti si no eres conocido, y nunca lo serás si no publicas. ¿Opciones? Ganar concursos literarios que lleven consigo la publicación o autoeditarse las obras y distribuirlas en la medida de lo posible. Es una labor ingrata y difícil, pero siempre es mejor que dejar languidecer los textos en un cajón ―en un archivo de ordenador, más bien―, a la espera de que suceda un milagro.

 ¿Qué opinas sobre el dilema entre libro impreso y libro digital? ¿Crees que coexistirán en el futuro o que uno de los dos formatos desbancará al otro?

A mí me parece que van a coexistir siempre. El libro digital es útil, pero el libro impreso posee, para los que amamos la lectura, un encanto inigualable. El clásico dilema entre lo práctico y lo hermoso. Quiero creer que no se va a resolver jamás.

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