“El martirio del obeso”, de Henri Béraud | RESEÑAS UNIVERSALES

Hoy os traemos la reseña de una obra maestra de la literatura francesa: El martirio

Hoy os traemos la reseña de una obra maestra de la literatura francesa: El martirio del obeso, de Henri Béraud, reeditada por Tropo Editores y reseñada por Víctor Álamo de la Rosa. Una verdadera joya que resulta actual y joven en nuestros días.

el martirio del obesoEn esta hecatombe del buen gusto literario que nos rodea en pleno siglo 21, con editoriales y editores empeñados en trivializar la literatura, oponiéndola, incluso, a la presunta evasión prometida por bestsellers de medio pelo, es hora de ponernos a reivindicar en serio que la literatura, la alta literatura, no solo existe, sino que sigue siendo en realidad la que hay que leer si no queremos perder nuestro tiempo y nuestro dinero y hasta lo que pueda quedarnos de buen gusto. Es la que hay que leer porque es la más divertida, porque es la que engancha más y mejor, porque es la que nos produce el placer y el entretenimiento de la evasión y la información, porque es la que suda por sus poros ardor estético e intelectual, porque, en fin, es todo eso que usted jamás encontrará en esos productos fatuos que demasiado a menudo se esconden tras el envoltorio de un libro pero que mejor harían en no salir del cubo de la basura del que asomaron. Espero haber sido suficientemente claro en este preámbulo, porque, hoy en día, no son libros todo lo que reluce sobre las mesas de novedades de las librerías y, si no queremos perecer idiotizados, ya va siendo hora de que nos preocupemos por leer literatura. Literatura, así de simple.

Y literatura en toda su mágica extensión es lo que usted encontrará en El martirio del obeso, novela del francés Henri Béraud, publicada con total acierto por Tropo Editores este año 2013 cuando es en realidad una novela de ¡1922!, año en que obtuvo el prestigioso premio Goncourt que, como es sabido, es todavía hoy el más prestigioso de las letras galas. Me pregunto cómo convencerle de veras de que lea este libro, de que corra a la librería más cercana y lo compre porque será un dinero bien invertido. Porque tras devorarlo querrá que lo lean sus abuelos, su esposa, su esposo, su amante, sus hijos y hasta el perro, porque sabe que no fallará, que le regalará a la persona querida un delicioso rato de lectura inolvidable. Y me pregunto cómo decirle que me haga caso y descubra esta novela corta, de apenas 137 páginas, pero larga si convenimos que el placer es largo. Me pregunto si bastará para que me crea que le diga que Henri Béraud nos regala una novela portentosa por tantas razones que los propios adjetivos se me quedarán estrechos, que menguarán a la hora de calificar esta sobresaliente maestría literaria.

Tropo editoresLe diré que es magistral su mezcla de burla, ironía, sarcasmo, graduando y degradando la elegante sofisticación del humor en esta trenzada confesión de un gordo de principios del siglo 20. El obeso de Béraud se embarca en una tragicómica huida por esos mundos de Dios (Francia y sus provincias, Italia y hasta Egipto) nada más y nada menos que con la esposa de uno de sus mejores amigos. La mujer, trasunto de la chiquilla malvada y las lolitas que enardecen hasta el colapso a los hombres, descubre al marido (esbelto, delgado, gentleman) en plena infidelidad y ni corta ni perezosa agarra la mano del Gordo y lo arrastra hacia una huida hacia delante, de país en país, de puerto en puerto, de ciudad en ciudad, huyendo de la rabia del marido que los persigue con perseverancia de otro mundo. ¿El marido obtiene su insistencia persecutoria de los celos de unos presuntos cuernos de los que sin embargo él mismo duda porque ella, su esposa, su Ángele, se ha largado con un gordo gordo? ¿Es lógico que él, delgado y guaperas, pueda tener celos de un obeso? Este hecho destapa una trama rápida que agarra al lector casi con la misma voracidad con que engulle alimentos el Gordo, como ocurre en el espeluznante y genial capítulo 7, en el que narra fruitivo una cena de los integrantes del ¡Club de los 100 kilos! Desternillante pero al mismo tiempo tan inteligente que solo podrá quitarse el sombrero y aplaudir. Y seguir aplaudiendo a rabiar los incisivos cuchillo y tenedor que Béraud utiliza para hacer de su novela uno de los mapas más hermosos del sentimiento más difícil de aprehender: el amor. Porque el amor y sus matices sutiles son el verdadero epicentro de El martirio del obeso.

    Con una sensibilidad extraordinaria y una riqueza de léxico que la traducción mantiene a la perfección, Béraud nos entrega un fascinante ejercicio de explicación de los resortes del amor y sus volteretas: la pasión, la ternura, el cariño, el sexo, el desamor, la comunicación, la seducción, el deseo, la belleza. Nuestro gordo protagonista es ingenioso y como es el propio narrador, nos inunda con imágenes deslumbrantes y originales, porque es capaz de “dejar escapar una risa que parecía un ruido de cañerías” al mismo tiempo que planea un ardid inteligentísimo para por fin seducir a la esposa fugada: una visita al Capitolio romano desde donde invocar los fantasmas de los más gordos emperadores de la Antigüedad clásica para sembrar en la diana de sus deseos la semilla del hedonismo y que Ángele por fin sucumba de una puta vez a sus obesos encantos. Mira ya, querida, al hombre cachondo que hay bajo estos arcos de grasa sebosa, parece decirle nuestro protagonista. Ocurrente, perspicaz, nuestro Gordo llena su discurso de observaciones afiladas que nos asombran todavía más en los tiempos que corren. Observe esta frase digna de un vidente y escrita en 1922: “habríamos salido ganando si hubiéramos elegido a nuestros políticos entre la gente gorda: sería la manera más segura de no tener que engordarlos”. Ahí queda eso, que a buen entendedor pocas palabras bastan.

    Pero permítame otro ejemplo de los mil que podría poner. Recuerde usted que me prometió leerla si insistía. Medite usted en este apotegma, obtenido de la página 74 de la novela: “El corazón humano tiene contradicciones que los psicólogos saben explicar a las mil maravillas, aunque esos especialistas pierden su tiempo y su ingenio, puesto que a los hombres les importa un comino conocer las razones de sus despropósitos”. Y, antes de finalizar, déjeme preguntarle: ¿no somos siempre el falso gordo de alguien? No se preocupe por responder. Siéntese a la mesa y disfrute de este opíparo banquete literario. Hágame caso y no pase hambre.

Autor de la reseña: Víctor Álamo de la Rosa

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Henri_BéraudEL AUTOR: Henri Béraud

Nacido en Lyon, 21 de septiembre de 1885. Escritor y periodista francés, Henri Béraud ganó el Premio Gonocurt de 1922 por su obra El martirio del obeso. Considerado colaboracionista con la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, Béraud fue condenado a muerte, aunque luego la pena le fue conmutada.

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