Entrevista al escritor Arnoldo Rosas, autor de “Uno se acostumbra” (Ediciones Oblicuas)

Hace unos días mantuvimos una interesante charla con Arnoldo Rosas, escritor venezolano que recientemente publicaba

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Hace unos días mantuvimos una interesante charla con Arnoldo Rosas, escritor venezolano que recientemente publicaba con Ediciones Oblicuas «Uno se acostumbra», novela que significaba su ingreso en el mercado editorial español. Tuvimos la oportunidad de hablar sobre esta nueva novela pero también sobre los viajes, el libre albedrío y, cómo no, la literatura:

“Uno se acostumbra”, recientemente publicada por Ediciones Oblicuas, nos sitúa ante Antonio Martínez, un ejecutivo gris y solitario que, sin embargo, anhela convertirse en un triunfador lleno de seguridad en sí mismo. Mientras sueña con mejorar de vida, su realidad transcurre entre terminales de vuelo e infinitos viajes. ¿El alienamiento que sufre Antonio mientras avanza supuestamente hacia un futuro mejor representa en cierto modo la estafa que vive la clase media?

Más que la clase media, yo diría que la humanidad toda. En general hemos puesto nuestras esperanzas de felicidad en ídolos de pies de barro y el resultado es el desencuentro y una frustración tal que se manifiesta en la violencia cotidiana, en una depresión sin paliativos y en una profunda soledad que no encuentra salidas.

Su superior, el señor Gamboa, no deja de darle consejos sobre cómo conseguir el éxito en su vida. Sin embargo, como veremos el propio Gamboa tiene serias dificultades en su propia vida. ¿Queda retratado en el señor Gamboa la quimera que resultan algunos tratados sobre autoayuda y coaching?

Es así, tal como dices. Si observas bien, el Sr. Gamboa da unos consejos en los que no cree y no practica. Guarda para sí, muy celosamente, su propia ruta de vida. Quizá, en el fondo, no quiere que otros encuentren en realidad, lo que él llamaría: “el camino al éxito”. Y eso mismo cuestionamiento lo busco en toda la novela. A lo largo de “Unos se acostumbra” juego y confronto muchos de los puntos en los que se basan esos libros de autoayuda y superación personal. Expuesto está desde los títulos de los capítulos  hasta en las maneras en que los personajes intentan hallar su supuesta felicidad. Espero que sin ser pedante y generando más de una sonrisa en el lector.

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Se retrata con gran humor y afilada ironía las rutinas de los aeropuertos, el microcosmos que se crea alrededor de las puertas de entrada, las colas, los inspecciones, los pasajeros anónimos… ¿Hasta qué punto los aeropuertos se han insertado en la vida de las personas?

En general los viajes, las estaciones, son elementos cotidianos en nuestras vidas. Somos seres en constante desplazamiento. Con regularidad, casi sin pensarlo, tomamos el metro, el autobús, el tren; pero los aeropuertos tienen una muy especial carga emocional para quien viaja. A pesar de que efectivamente cada vez más se incorpora a la rutina vital, gracias en parte a las líneas de bajo coste, no vamos inconscientes hasta un aeropuerto, ni actuamos allí con indiferencia. Ponemos mucha atención a cada acto que en ellos realizamos, para estar seguro que no nos estamos equivocando de máquina, puerta, línea aérea; y siempre con el temor de que las autoridades puedan pensar que estamos cometiendo un ilícito y la historia termine mal. Todo ello, más allá de que desde el punto de vista narrativo, un viaje siempre es un buen tema y una consecuente metáfora a la vida.

Sin desvelar demasiados aspectos cruciales de la trama, ¿se podría decir que a veces el azar se puede convertir en destino? ¿Hasta qué punto la novela pone en duda el libre albedrío de nuestras existencias?

Me encanta lo que dices. Efectivamente ese es un tema que me intriga y apasiona, explotado un poco más por mí en una novela anterior, “Nombre de mujer”. Somos libres, tomamos decisiones y actuamos según nuestro interés y punto de vista, y pagamos o disfrutamos las consecuencias de esas acciones. Pero, por ejemplo, para ser gruesos, ¿qué tan libres fueron los judíos en la Alemania Nazi para definir su destino? ¿O los que iban en el tren de Atocha cuando se produjo la explosión? ¿O los habitantes de un país cuyos gobernantes toman erróneas medidas económicas o fiscales? La gran mayoría de las veces, con suerte, cuando mucho, gracias al libre albedrío, podemos adecuarnos a la circunstancias. Y, justo allí, entonces, aflora lo peor y lo mejor de cada uno. Como fuente de historias, ese tema, para mí, es fascinante.

¿Qué has echado en falta en las reseñas que se han escrito sobre tu novela?

Arnoldo-Rosas-a-Color-by-Daniela-Rosas-Olavide-1“Uno se acostumbra” me ha dado muchas satisfacciones en cuanto a comentarios y reseñas. La gran mayoría son producto de lecturas que me han sorprendido por dar una visión rica, precisa, pero muy diferente a lo que pensé que había expresado, lo cual es maravilloso. La posibilidad de generar experiencias en el lector más allá de lo puramente textual es de las cosas geniales de la literatura y me alegra que así haya ocurrido con mi trabajo. Por otro lado también he encontrado comentarios muy en línea con lo que busqué como narrador y, más allá, incluso análisis sobre los elementos con los que juego como el uso de diferentes voces (en particular la de la voz femenina) y elementos de la cultura de masas como la música y las películas. Por lo tanto, no hecho nada de menos en esas reseñas, sólo un profundo agradecimiento por la lectura y los comentarios.

En “Uno se acostumbra” encontramos un realismo mágico renovado, postmoderno, que sabe arrancar ironía de la realidad alterada. ¿Cuáles dirías que son tus referencias literarias principales?

Complicada la pregunta. Desde muy niño soy un lector apasionado, indisciplinado y muy caótico. Debo tener de todo en mis referencias e influencias. Sin duda los latinoamericanos del Boom y anteriores: Rulfo, García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Borges. Venezolanos como Otero Silva, Uslar Pietri, Guillermo Meneses. Norteamericanos como Hemingway, Faulkner, Mc Carthy. Españoles como Juan Marsé. Universales como Kafka, Joyce, Dostoievski. Pero la respuesta honesta es: “No sé”.

¿Qué significa Internet para la carrera de los escritores y para la andadura de las pequeñas editoriales?

nombre-de-mujerCreo que es muy, pero muy importante. Permite superar límites de distancia, tiempo. Barreras económicas y políticas. Permite atreverse, ser osados, irreverentes.

¿Qué prefieres en tu vida diaria, el formato de libro impreso o digital?

Los dos. Leo al mismo tiempo entre tres y cuatro libros. Uno en la computadora, otro en la sala, otro en la cama y otro en el camino. Algunos en digital y otros en papel. Cada uno tiene su encanto.

¿Cuáles son tus planes literarios para el futuro más próximo?

Tengo en reposo una novela un poco extraña que veremos si se edita y varios relatos. Pero el plan, plan, plan, si es que eso existe, es seguir escribiendo, claro está.

Si no nos equivocamos, “Uno se acostumbra” es la primera novela de tu carrera que se edita en España. ¿Cómo ha sido la experiencia de publicar con el valiente sello Ediciones Oblicuas?

Estoy muy satisfecho con el apoyo que me ha dado Ediciones Oblicuas. Esa, como bien señalas, valiente editorial, no sólo me ha permitido ingresar a España con mi trabajo, sino que ha llevado de la mano a “Uno se acostumbra” al mercado norteamericano, donde tiene establecida una muy buena red de distribución, tanto para el público en general como para las universidades de ese país; y, por si fuera poco, al mundo entero, tanto en edición en papel como digital, a través de la red de librerías virtuales que existen a lo largo y ancho del planeta. Muy, pero muy agradecido con, el también narrador y poeta, Alberto Trinidad, Director Editorial de Ediciones Oblicuas y a su grupo de trabajo, por haber confiado en mí y por todo el apoyo que me ha brindado y sigue brindándome en el tiempo. Más no se puede pedir.

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Reseña de «Uno se acostumbra» en Ulm

BIOGRAFÍA DEL AUTOR: ARNOLDO ROSAS

Perteneció al Taller de Narrativa del Centro Latinoamericano “Rómulo Gallegos” (1981-1982). Sus trabajos han merecido diversos reconocimientos y están presentes en importantes antologías de narrativa venezolana. Ha publicado los libros de relatos Para enterrar al puerto (1985), Olvídate del tango (1992), La muerte no mata a nadie (2003),Sembré los muertos (2013) y De amores y domicilios(2014); la novela corta Igual (1990); y las novelasNombre de mujer (2005), Uno se acostumbra (2011) y Massaua (2012).

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