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Fausto Martí, el pintor viajero | #MundoBellasArtes

Hoy vamos a hablar de Fausto Adolfo Martí, que nació en la Ciudad de la

Hoy vamos a hablar de Fausto Adolfo Martí, que nació en la Ciudad de la Habana el 3 de Noviembre de 1957.  A lo largo de su carrera ha recibido influencias de personalidades y lugares diversos, por lo que él mismo no se define como autodidacta. En cualquier caso, queda claro que lo suyo ha sido un viaje profundo a través del universo de la pintura catalizado por una enorme dosis de talento, que le ha llevado a ser un pintor reconocido y prolífico durante sus veinte años de carrera. Su aventura plástica comenzó en España, donde residió durante 9 años, y actualmente cuenta con más de 500 óleos y varios murales diseminados por todo el mundo especialmente por Europa y Norteamérica.

La obra de Martí sorprende por su depurado y en muchas ocasiones magistral dominio del dibujo y el color, infuenciado por los impresionistas franceses del siglo XIX.  Dado que tendremos oportunidad de acercarnos en más ocasiones a la obra y trayectoria de Fausto Adolfo Martí, lo mejor es que hoy veamos una pequeña exposición de sus cuadros para empezar a familiarizarnos con sus complejas y bellísimas pinturas.

En el primero, «Ruina habitada», llama la atención la precisión del trazo, lo bien que deja reflejado la mediocridad del paisaje urbano. Pese a esa penuria urbana, se vislumbra en los contrastes de luces la belleza de una ciudad cálida y viva. El nombre del cuadro no impide que veamos que el pintor ama ésta ciudad.

En el segundo («Reflexión») la hermosa mujer asomada a un balcón está inmersa en sus pensamientos. El artista consigue que nos hundamos con ella en sus preocupaciones por un presente tal vez incierto, y por un futuro que ni se atreva a plantearse. El magistral dibujo y tratamiento del color hacen que nada sea realmente trágico en esa mágica ciudad.

En el tercer cuadro, «Señales», (donde el impresionismo se hace patente), Fausto plasma el instante, pinta el momento de luz. Las formas son lo de menos, con lo que una vez más el pintor nos lleva a su mundo maravilloso que levita entre el cielo y la tierra.

El cuarto cuadro («El basurero») es un cuadro sobrio, que refleja un paisaje maltratado. El rigor en sus colores nos recuerda a una fotografía, convirtiéndose la pintura en una herramienta más fiel para retratar la realidad aún que la cámara fotográfica, quedando Fausto a la altura del hiperrealismo más complejo y exacto. Sus tapias vencidas y combadas, los edificios abandonados, la ausencia de vida ( humana o animal) hace que te sientas en las entrañas de una nueva ciudad reinventada que descubre lo que las anteriores pinturas no dejaron vislumbrar.

El quinto, «El aburido», es magnífico y demoledor. Veo en él a un hombre que sentado en el escalón de su portal ve resignado pasar la vida sin ninguna alternativa ni posibilidad de emoción. A su lado el mundo está tan muerto como el de ‘Pedro Páramo’. Las personas que se acercan pueden ser un espejismo. El tratamiento del color es, una vez más magistral.

Fausto Martí logra una verdadera elegancia y equilibrio en sus obras que magnetiza al espectador. En la actualidad  trabaja con la experimentación cromática y formal, utilizando una gama sencilla y consigue, una vez más efectos visuales elegantes y equilibrados.

Autora: Marisa Caballero

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