José Luis Gomez Tore

Entrevista al poeta, dramaturgo y ensayista José Luis Gómez Toré | #MundoLiterario

Entrevistamos al poeta, dramaturgo y ensayista José Luis Gómez Toré. Con sólo 26 años recibía

  • Entrevistamos al poeta, dramaturgo y ensayista José Luis Gómez Toré.
  • Con sólo 26 años recibía el Premio de Poesía Blas de Otero y desde entonces ha publicado seis poemarios y tres obras de ensayo.
  • Recientemente publicaba su nuevo poemario, “Un corte que no sangra”.

En 1999, con sólo 26 años, recibías el premio Premio de Poesía Blas de Otero. Eres un autor tremendamente precoz, ¿cómo comenzó tu romance con la literatura?

Bueno, no sé si soy  tan precoz, si uno se compara, por ejemplo, con un Rimbaud o con un Claudio Rodríguez… aunque, cuando recibí ese premio, llevaba años escribiendo, al menos desde la adolescencia. Como suele ocurrir (a menos, insisto, de que uno sea Claudio Rodríguez o Rimbaud), esos primeros poemas adolescentes son absolutamente olvidables, y todavía, Contra los espejos, el poemario con el que gané el Blas de Otero, me parece un libro primerizo, del que hoy me siento muy lejano.

Mi “romance” con la literatura empezó, como es habitual, como lector, ya desde la infancia. No concibo un escritor que no sea, antes que nada, un apasionado lector. Aunque de niño ya había intentado escribir algún cuento, fue de adolescente cuando comencé a tener claro que quería ser escritor. Curiosamente, por entonces, yo me imaginaba que iba a ser, ante todo novelista, y autor de literatura fantástica (El señor de los anillos de Tolkien fue un libro que me fascinó cuando era un lector muy joven, con ocho o nueve años, aunque también recuerdo un Antonio Machado para niños que alguien me había regalado y del que aprendí no pocos versos, sin entenderlos demasiado bien). Pero, por mucho que me empeñé en escribir narrativa, sentí pronto que  no era lo mío. La poesía se me impuso. No creo que uno elija el género en que quiere escribir. Más bien es el género el que, para bien o para mal, le elige a uno.

No concibo un escritor que no sea, antes que nada, un apasionado lector.

José Luis Gomez Tore

José Luis Gómez Toré


“He heredado la noche”

Poco después, recibías el accésit del Premio Adonais por “He heredado la noche”. Un poemario en el que desarrollas una profunda reflexión sobre la ausencia de fronteras entre la vida y la muerte. En un hombre, se contienen los demás hombres que fueron. Háblanos sobre ello.

Para mí – no es la primera vez que lo afirmo— la tradición cultural no tiene sentido si no constituye un diálogo con los muertos, como ya sabían los autores clásicos:  Maquiavelo en su destierro en San Casciano, nuestro Quevedo…  Precisamente, una cita de Quevedo (“Vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”) abre la primera sección de He heredado la noche. De nada vale que nos empeñemos en insuflar aire en el moribundo cuerpo de la tradición humanística, tan maltrecha hoy, si nos olvidamos que una de las funciones principales de la cultura es rendir culto a los muertos, mantener vivo el diálogo con los que fueron. Quizá una de las causas del declive actual de las Humanidades es que no solo no queremos mirar de frente a la muerte, sino  que queremos acallar también las voces de los muertos…

Si todavía hoy es posible el humanismo (en un sentido ético, en sentido amplio, no referido ya a un campo del saber), solo cabe defenderlo desde ese humanismo del otro hombre del que hablaba Levinas, desde una mirada abierta al vértigo del otro, lo que implica asomarse a lo inhumano, a esa pregunta “Si esto es un hombre”, que se hacía Primo Levi. Por ello, desde la poesía (He heredado la noche, Claroscuro del bosque) y desde el ensayo (El roble de Goethe en Buchenwald), he intentado interrogarme sobre las víctimas de la historia, sobre los muertos que dejaron un nombre pero también sobre tantos nombres olvidados… Siento que ahí se esconde un imperativo ético, no solo estético, y también la posibilidad de otra historia, menos teñida en sangre, que no sea siempre un relato de vencedores y vencidos.

La poesía se me impuso. No creo que uno elija el género en que quiere escribir.

José Luis Gómez Toré


“Un corte que no sangra”

El año pasado publicabas “Un corte que no sangra”, tomando este título de una cita del filósofo Emmanuel Levinas que definía así lo que suponía un instante en el tiempo. ¿En los detalles que pasan desapercibidos está escrita la verdadera trama argumental del devenir de la vida?

En gran medida, sí, y creo que es labor de la poesía (del arte, en general), detenerse en esos momentos, en esas presencias en apariencia intrascendentes que tejen el hilo del vivir (a algo semejante se refería Joyce, si no me equivoco, cuando hablaba de “epifanías”). Por eso, me atrae la estética del haiku, a pesar de que he escrito muy pocos haikus en sentido estricto (que yo recuerde, uno en Se oyen pájaros y otro en Fragmentos de un cantar de gesta, pero ninguno en Un corte que no sangra). En una reseña muy inteligente sobre mi último libro, Óscar Curieses hacía referencia a que el haiku está presente, pero no como una forma métrica. Es el espíritu del haiku, por así decirlo, lo que me interesa: ese captar los movimientos mínimos de lo real sin forzar su aparición, dejándose sorprender. Me gustó mucho que Curieses encontrara ese paralelismo, porque es una de las líneas a las que tiende mi poética. En alguna ocasión he escrito que en cierto modo la poesía lírica es una herejía respecto a la poesía épica. La lírica se empeña en salvar del olvido y de la muerte hechos en apariencia nimios (una tarde junto a la persona amada, la contemplación de un paisaje, la escucha de una música…), nos dice que esos momentos merecen ser tanto o más recordados que las gestas sangrientas de dioses y de héroes. Tal vez haya también ahí una ética…

Para mí – no es la primera vez que lo afirmo— la tradición cultural no tiene sentido si no constituye un diálogo con los muertos.

José Luis Gómez Toré


Poesía, Intemperie

Actualmente mantienes una bitácora literaria, “Poesía, intemperie”. ¿Qué encontrarán los/as lectores/as en ella?

Aparte de informaciones más o menos prescindibles (convocatorias, informaciones varias…), pueden leerse apuntes de poética, reflexiones sobre los temas más diversos así como un buen número de traducciones de poemas, sobre todo del alemán. La verdad es que, desde que nació mi segundo hijo el año pasado (acaba de cumplir quince meses), tengo bastante descuidada esta bitácora, aunque intento mantenerla actualizada dentro de lo posible… 

¿Cómo surgió la idea de crear  “Poesía, intemperie”?

La respuesta es bastante simple, y no sé si muy interesante: básicamente de la lectura de otras bitácoras que me interesaban (la de Jordi Doce, la de Ana Gorría…). Me pareció que necesitaba un espacio de escritura que de alguna forma salvara el intervalo de publicación entre libro y libro, que a veces (sobre todo, en poesía) puede ser de muchos años. También como lugar de encuentro con potenciales lectores, con otros autores…

Es el espíritu del haiku, por así decirlo, lo que me interesa: ese captar los movimientos mínimos de lo real sin forzar su aparición, dejándose sorprender.


Las fuentes de inspiración

¿Tienes fuentes de inspiración o prefieres que la inspiración te llegue trabajando?

En mi experiencia personal escribir poesía se parece muy poco a escribir ensayo (el teatro también es diferente, pero hace mucho tiempo que no escribo para la escena…).  En el ensayo hay una perspectiva mucho más intencional, por lo que hay siempre un trabajo previo de documentación, de lectura, de reflexión… En cambio, con raras excepciones, no puedo escribir un poema desde una intencionalidad demasiado evidente. Cuando me empeño en escribir un texto poético sobre un determinado tema o motivo (aunque yo creo que en la poesía no existen “temas” en sentido estricto), me siento normalmente paralizado. Puede sonar anticuado, pero el impulso inicial del poema es para mí siempre inconsciente. Luego, viene el momento de construcción, de lima, de corrección… donde opera mucho más lo consciente, la técnica.  Pero lo fundamental es que haya ese “no sé qué” del que hablaba san Juan de la Cruz. Normalmente, lo primero que me llega es un verso, una imagen, a partir del cual se va perfilando el texto. La excusa puede ser cualquier cosa: la lectura de un texto, una música, un pensamiento, una vivencia… Creo que la poesía trabaja sobre todo con la memoria (esa memoria involuntaria de la que hablaba Proust) y con la imaginación, y desde luego, también con el lenguaje. Me parece difícil concebir un escritor que no se sienta fascinado por el lenguaje. Ello no es incompatible con cierta desconfianza ante este, pues, como se sabe, el idioma es también un instrumento formidable de manipulación, de transmisión de ideas prefabricadas, de prejuicios. De hecho una de las funciones de la poesía, de la literatura, es romper esos esquemas mentales y perceptivos, mostrar que no son tan obvios ni tan naturales como parecen.

¿Cuáles dirías que son los autores/as de referencia para ti?

Muchos. Como he comentado alguna vez, como lector tiendo a ser politeísta: creo que es muy nocivo para un escritor tener una sola figura de referencia o una estética demasiado concreta en su panteón particular. Entre los españoles, tengo que citar obligatoriamente a José Ángel Valente y a Antonio Gamoneda, pero uno tampoco podría prescindir de la escritura de Lorca, de Ángel Crespo, de Cernuda… por nombrar solo a unos pocos (y si me remonto mucho más atrás, mi formación como lector, y como escritor, debe mucho a Quevedo, a san Juan…). Por otra parte, los lectores españoles tenemos la suerte de poder leer en su idioma a los grandes autores de la poesía hispanoamericana: César Vallejo, Octavio Paz, Blanca Varela, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Ida Vitale… Entre los autores de otras lenguas, podría hablar de Hölderlin, de Celan, de Ingeborg Bachmann, de Montale, de Jaccottet… Por no citar a prosistas (novelistas, cuentistas, ensayistas, filósofos…) que también me han dejado poso. La lista podría ser interminable…

Como lector tiendo a ser politeísta: creo que es muy nocivo para un escritor tener una sola figura de referencia.


“El roble de Goethe en Buchenwald”

Además de poeta y dramaturgo, eres un gran ensayista. El año pasado publicabas, de hecho, el libro “El roble de Goethe en Buchenwald”. Háblanos sobre él.

El roble de Goethe en Buchenwald parte de un texto de Joseph Roth, el último que escribió el gran escritor austriaco. En dicho artículo Roth menciona un suceso real: cuando los nazis construyeron el campo de concentración de Buchenwald y talaron el bosque (“Buchenwald” significa literalmente “bosque de hayas”, en alemán), dejaron en pie un roble, el roble bajo cuya sombra, según la tradición, Goethe había compuesto algunas de sus obras y junto al cual se encontraba con la señora von Stein. Mi ensayo pretende ser una reflexión, más allá de los tópicos, en torno a la relación entre cultura y barbarie. En buena medida todo el libro es una pregunta sobre la pertinencia actual tanto del humanismo como  de la poesía. No es una cuestión nueva en mi obra (Claroscuro del bosque surge de la reflexión sobre el misterioso encuentro en Todtnauberg, en la Selva Negra entre Celan, cuyos padres fueron asesinados por los nazis, y Heidegger, que arrastraba un oscuro pasado como simpatizante, y colaborador, al menos en los primeros años, del régimen nacionalsocialista). Una de las cuestiones que se abordan, por ejemplo, es la tan manida frase de Adorno sobre la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz. Sin embargo, he intentado evitar en lo posible interpretaciones simplificadoras, situando la frase de Adorno en su contexto. Aunque corremos el riesgo de convertir Auschwitz en un mito, en el Desastre por excelencia que nos impide ver otras catástrofes que están ocurriendo hoy mismo ante nuestros ojos, creo que nunca se debería olvidar lo ocurrido durante el nazismo (y menos que nunca ahora, cuando el racismo y la xenofobia son el fantasma que recorre Europa). La anécdota del roble me permite, asimismo, tratar otros temas poco conocidos como las leyes medioambientales del régimen nazi y, desde ahí, plantear una reflexión sobre la relación entre nuestro modelo civilizatorio y la naturaleza…

Aunque corremos el riesgo de convertir Auschwitz en un mito, creo que nunca se debería olvidar lo ocurrido durante el nazismo.

José Luis Gómez Toré


El panorama de la poesía 

¿Cómo ves el panorama de la poesía en España?

Es un tópico afirmar que en la poesía actual en España no existe una línea dominante, que la diversidad de estéticas ha sustituido al enfrentamiento entre paradigmas demasiado rígidos de períodos anteriores (con polémicas como las surgidas en torno a la poesía social o, en  épocas más cercanas, los debates entre poesía de la experiencia, poesía del silencio y otras etiquetas parecidas). Creo que en gran medida es verdad, pero pienso también que todavía nos falta la debida distancia para analizar el presente y que aún necesitamos análisis serios que cuentan con la suficiente perspectiva. El riesgo de celebrar sin más la diversidad de estéticas (lo que corresponde de alguna medida con lo que se ha llamado posmodernidad) es obviar que todavía existen grupos de poder en torno a determinadas editoriales y premios literarios, aunque afortunadamente sin la capacidad de influencia que tuvieron años atrás. Creo que, con todos sus peligros y sin caer en idealizaciones, Internet ha podido favorecer cierta democratización… aunque también ha traído algunos efectos perniciosos, como la proliferación en los últimos tiempos de autores, conocidos en primer lugar a través de las redes sociales, que se dicen poetas pero demuestran que han leído poca o ninguna poesía. Su relativo éxito de ventas se explica, sobre todo, porque practican lo que yo llamaría una “literatura-masaje”, aquella que  reafirma a los potenciales lectores en sus esquemas mentales y sentimentales. Para mí, en cambio, la verdadera literatura siempre resulta incómoda. Es un camino hacia algo desconocido, no un espejo en el que reconocernos sin más.

Es un tópico afirmar que en la poesía actual en España no existe una línea dominante.

Dicho esto, creo que vivimos un momento muy interesante en la poesía actual en España, tanto en lo que respecta a los autores nacidos en los años sesenta, y de generaciones anteriores (Ada Salas, Miguel Casado, Jordi Doce, Olvido García Valdés, Eduado Moga, Juan Carlos Mestre, Enrique Falcón…), como entre los que nacieron en los últimos años de la dictadura (Esther Ramón, Julieta Valero, Óscar Curieses…) o ya en la democracia, como Ana Gorría o Juan Andrés García Román. Quizá uno de los aspectos en los que todavía queda mucho por hacer es el diálogo  entre las voces de uno y otro lado del Atlántico, que sigue siendo intermitente y no suficientemente fluido, a pesar de la labor de editores (y creadores) como Edmundo Garrido, que intentan crear puentes entre las dos orillas de la poesía en español.

¿Qué opinas sobre el dilema entre libro impreso y libro digital? ¿Crees que coexistirán en el futuro o que uno de los dos formatos desbancará al otro?

Bueno, no soy adivino, pero me imagino que lo más probable es que, durante mucho tiempo, el libro en papel y el digital sigan coexistiendo. De todas formas, por mucho que uno prefiera el libro en papel, creo que la cuestión del formato es secundaria. Lo importante es que se siga haciendo buena literatura y que se aproveche las posibilidades que ofrece cada formato (en el caso del libro digital, absolutamente desaprovechadas, tal vez porque han primado los intereses comerciales sobre los artísticos). Más que la extensión del formato digital, me inquieta cómo las nuevas tecnologías afectan a nuestros hábitos de percepción y, en concreto, a nuestra capacidad de atención y a nuestra forma de leer. La lectura exige concentración y una actitud de escucha, de apertura mental, que es en buena medida una exigencia de humildad, de generosidad para con el otro… algo muy distinto de la rapidez y de la proliferación de distracciones del mundo virtual, por no hablar de la satisfacción del propio ego que alimentan tan a menudo las redes sociales. No es culpa únicamente de los avances técnicos, pero no sé hasta qué punto en un mundo tan narcisista como el que estamos creando tiene mucho espacio el arte, que, para mí, implica un dejarse conmover por la mirada de otro, un arriesgarse a mirar el mundo por otros ojos.

Lo importante es que se siga haciendo buena literatura y que se aproveche las posibilidades que ofrece cada formato.

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

Mis planes para un futuro inmediato son bastante poco ambiciosos: poder seguir leyendo y escribiendo sin desatender obligaciones laborales, familiares (soy padre de dos niños pequeños, uno con poco más de un año, lo que necesariamente me lleva a tomarme la escritura con más calma). Actualmente, estoy acabando un nuevo libro de poemas (si bien esto de terminar un poemario es siempre muy relativo… no sería la primera vez que creo dar punto final a un libro y sigo revisándolo durante dos o tres años más). El título provisional (muy provisional) es Hotel Europa y vuelve a retomar, aunque desde otra perspectiva y espero que con mayor madurez artística, motivos e inquietudes que ya aparecieron en He heredado la noche. Estoy trabajando también en una selección de mis ensayos y críticas literarias, que de momento va a llamarse La palabra extramuros. Junto con algún proyecto en marcha (traducciones, estudios…) me rondan muchas ideas en la cabeza. Solo espero tener tiempo y ganas para llevarlas a cabo.

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