Entrevista a Juan de Argaño: «Mi propósito inicial era divertirme escribiendo una novela» | #MundoLiterario

Hoy entrevistamos al autor de «Yo he matado a Quintanapalla». Juan de Argaño, un escritor

  • Hoy entrevistamos al autor de «Yo he matado a Quintanapalla».
  • Juan de Argaño, un escritor versátil e innovador nos presenta con esta entrevista el detalle de su trabajo.

 – Yo he matado a Quintanapalla, una historia que comienza con una confesión, una novela directa, un thriller emocionante… ¿cómo definirías tu libro?

Cuando en la adolescencia empecé a leer novelas de cierta extensión, buscaba las que me enganchaban desde la primera página. Después han ido variando los motivos por los que un libro te puede seducir, pero se ha mantenido la constante de buscar libros ágiles, con un buen ritmo narrativo, novelas en las que pasen cosas. Por eso, tenía claro que si alguna vez escribía algo, tenía que atraparte desde el principio, que no pudieses dejar de leer.

Al poco tiempo de publicarse Yo he matado a Quintanapalla me reenviaron un WhatsApp de una persona que lo estaba leyendo en el hospital, y decía algo así como: “me ha regañado la enfermera y me ha dicho que ¡deje de leer ya!” Ése es el tipo de libro que he querido escribir.

Claro, que soy consciente de que esta novela, como todas, tiene su público.

 Juan de Argaño

– Unos personajes muy cuidados, con personalidades únicas que difieren en tiempo, lugar y forma de ser, diferentes miradas de un mismo suceso que nos llevarán a resolver el asesinato, ¿tienen algo en común los personajes?, háblanos del proceso de creación ¿cómo llegaste a ellos?

Mi propósito inicial era divertirme escribiendo una novela. Y por tanto, necesitaba que apareciesen mis amigos, y un bar donde reunirnos para “hablar” de nuestras cosas, un bar que sólo sirviese cerveza (el 200 Copas).

Por suerte, he conocido a personas con historias muy peculiares y algunas de ellas son amigos. A mí, como autor, me correspondía dejar acta de todo eso que hemos vivido, hablado y bebido. Y claro, hay personas como Cándido, el insigne bibliotecario de la universidad de Coímbra, que tienen que salir en una novela. El tal Cándido, por cierto, era bibliotecario, aunque no en Coímbra.

 No digo con esto que los personajes se correspondan con personas reales. Tampoco la trama, o las tramas. En algún caso sí, aunque sólo aporten un nombre; pero la mayoría son inventados y surgen, como se suele decir, por exigencias del guión, para dar credibilidad y complejidad a la narración.

 En el instituto leí La verdad sobre el caso Savolta, y me impresionó esa forma de contar una historia, desde diversos puntos de vista, relatos paralelos, escenas que en un principio no sabes dónde encajar, pero que te mantienen en vilo constante.

 Quería que mis personajes fuesen así, potentes, independientes de los protagonistas, ni buenos ni malos, con entidad suficiente como para que el lector les coja manía o les ame. A propósito, por lo que me cuentan, Doña Amelia es la que más simpatías despierta.

– Esta novela nos mantiene constantemente en vilo, ya que convergen en ella muchos secretos e historias en paralelo,  ¿qué podemos encontrar en ellas?

Creo que ésta es la parte más real dentro de la ficción de la novela. Se habla de historias y sucesos que no han pasado, o sí, o podrían suceder en cualquier momento. Normalmente, la realidad es compleja, y siempre queda algún ¿por qué? pendiente. Tal vez por la desconfianza ante lo que está pasando tendemos a pensar que hay algo más que no sabemos, que no nos cuentan o que no somos capaces de verlo. Y sin embargo, nos afecta.

 En la novela la mayoría de los personajes al principio son ajenos a lo que sucede. Ni sospechan que Quintanapalla ha sido asesinado, ni conocen la existencia de su caja. Llevan su propia vida. Sin embargo, a medida que avanza la trama, vemos que la mayoría, de un modo u otro se ven implicados en algo que no tenía nada que ver con ellos.

– La narrativa de tu novela, mezcla de thriller, negra… ¿Cuáles son tus autores de referencia? ¿Quién te inspira a la hora de escribir?

Son muchos. En realidad tengo que decir que soy un lector empedernido y, sin duda, se podría atribuir a diversos autores la paternidad de mi forma de leer. Y eso, seguramente, se refleja en mi estilo al escribir. De Pérez Reverte me gusta la narración ágil de sus primeras obras y los diálogos secos, como latigazos, de los Alatristes. Eslava Galán es una referencia en cuanto a ironía, sarcasmo y, a veces, irreverente acidez. A Oscar Urra le considero un maestro describiendo el ambiente de barrio, Lavapiés en su caso. Y también por los magníficos personajes secundarios que aparecen en sus novelas (el hermano de Julio Cabria es increíble, y el tabernero César, un cerdo). En este sentido, también tengo que citar a Fred Vargas. Puedes leer una novela del comisario Adamsberg sin que éste apenas aparezca, y no le echas en falta porque los demás personajes son también grandiosos. Cuando escribí el capítulo 5 estaba pensando en Miguel Delibes y sus novelas “burgalesas”. Tendría que citar también a Vázquez Montalbán con su Pepe Carvalho; Lorenzo Silva, en la serie de Vila y Chamorro… No sé, muchos autores que influyen en tu forma de ver la vida y, por tanto, de contarla.

– Los escenarios de tu novela están tan detallados como tus personajes, en ellos podemos sentir, oler y notar los años, nos hablas de ellos también en tu blog, que los hace más cercanos y reales, ¿Qué hay de realidad en ellos?

Mucho, o casi todo en los escenarios del presente. En los del pasado no, claro. Ahí he tenido que tirar de documentación. He hecho un esfuerzo en este sentido para que si alguien lee la novela en un viaje a Coímbra pueda escuchar fados  en La Diligencia, y que cuando entre le resulte un lugar ya conocido; o si va a Oporto, visitar la librería Lello, comer en Casa Aleixo o pasear por la Rúa das Flores, como si Patricia Vega fuese su guía. Y que el lector de Tetuán, barrio de Madrid donde está ambientada la novela, pueda reconocer los lugares de los que se habla. Como anécdota, una lectora me dijo: “estuve en Burgos, y comí unas raciones en el Morito, como Alex y Martín”. A mí, personalmente, cuando viajo me gusta llevarme una novela de la ciudad que visito y poder identificar los lugares que aparecen. La excepción es el 200 Copas. Esa cervecería no existe. De momento.

Juan de Argaño– Ofrecer el primer capítulo de forma gratuita ha conseguido que hayas convencido a muchos lectores para comprar el libro, es una buena técnica si el libro es bueno, ¿qué te llevó a utilizar esta estrategia?

La incertidumbre. No sabía si lo que estaba escribiendo era bueno, si merecía la pena seguir trabajando en este proyecto, y finalmente, si la publicación compensaba la vergüenza de exponerse en público. Por eso, cuando ya llevaba la novela mediada fui pasando el capítulo 1 a algunas personas de confianza. Su reacción fue: “no nos dejes así, ¡queremos leer más!”. Por eso, cuando ya hube acabado la novela, publiqué el primer capítulo en el blog, para ir abriendo el apetito.

– ¿Vamos a poder disfrutar de una segunda parte?, ¿Qué próximos proyectos tienes en el tintero?

Sí. En este momento estoy escribiendo la segunda parte. Llevo la mitad y tengo que decir que me está costando un montón, porque me he empeñado en hablar de filosofía a nivel usuario, dentro de una trama de crímenes. Mantengo mi estilo, continúan algunos de los personajes de Yo he matado a Quintanapalla, pero es un tipo de novela diferente. La primera es más atemporal, y esta segunda está íntimamente vinculada al momento actual. Ya he lanzado el anzuelo del primer capítulo y también en esta ocasión me piden más. Así que ¡adelante!

 También me gustaría continuar la serie juvenil Alonso, explorador de libros, pero bueno, de momento esto otro es prioritario.

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Biografía del autor: Juan de Argaño

Burgalés nacido en la Villa Nueva de Argaño, prófugo de la tierra para progresar, como Daniel el Mochuelo. Licenciado en disciplinas inútiles, máster en cuestiones no menos infecundas, gestor de incidencias anómalas, (que es lo que da de comer), Juan de Argaño escribe por afición. O por necesidad. Para evadirse de una realidad hostil, persiguiendo El Dorado de contar esa novela perfecta que a él le hubiese gustado leer. Últimamente admira al señor Cayo.

Lector de novela negra pero también de novela histórica cuando no tiene novela negra. Le gustan sobre todo los protagonistas mediterráneos: Pepe Carvallo, Kostas Jaritos, Salvo Montalbano, Julio Cabria, Marco Didio Falco (novela negra histórica); sin embargo, Gordiano el Sabueso le parece un snob. Formado en la música hispana clásica: Rosendo, Siniestro Total, algo de Celtas Cortos y otro tanto de Sabina.

Sin embargo, su obra predilecta es El Camino, de Delibes. Paradigma de la fuga del genos para acabar descubriendo que, en ese hipotético apocalipsis nuclear que arrasase el progreso, sólo el disputado señor Cayo podría sobrevivir.

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