“La Fundación 2.1”, anonimato literario y redes sociales | #MundoLiterario (Novela)

El escritor granadino Jaime Molina ha publicado recientemente nueva novela. Su título es “La Fundación

El escritor granadino Jaime Molina ha publicado recientemente nueva novela. Su título es “La Fundación 2.1” (Ediciones Éride), y se centra en el mundo de las redes sociales y de los escritores anónimos. Hoy os traemos la reseña de esta obra en nuestro #MundoLiterario:

La Fundacion PortadaJaime Molina es uno de esos autores que acostumbran a sorprender a sus lectores en la temática de cada nueva obra que escriben. Con “La Fundación 2.1” no podía ser de otra manera. Después de abordar el fracaso existencial en “Lejos del cielo”, el cine y la literatura en “El fantasma de John Wayne” y la novela histórica con “Una casa respetable”, Jaime Molina nos trae una novela sobre las alteraciones de la realidad que acompañan a una sociedad en la que el mundo online impera en todos los ámbitos.

“La Fundación 2.1” es más que una novela sobre redes sociales; es una concienzuda reflexión sobre la irrealidad sobre la que se construye nuestra felicidad y lo fácilmente manipulable que resulta ésta ante la acción de manos expertas. Nuestras existencias pueden ser analizadas tomando como punto de partida la reducción mecanicista más absoluta y conseguir resultados comerciales en base a nuestros intereses. En el universo online, donde todo es gratis, la información vital de sus usuarios vale mucho dinero. Y en ese aspecto es en donde esta obra también incide de manera más habilidosa: en el inmenso anonimato que significa nuestra vida entre cientos de millones de usuarios. Internet abre la puerta hoy en día a múltiples fraudes, pero sobre todo nos ofrece un abanico verdaderamente diverso de formas de anonimato, de diluirnos y transformarnos en otros, de resituar las trazas del bien y del mal.

Anónimo es por ejemplo nuestro protagonista, un profesor de Literatura Comparada divorciado y hasta cierto punto hastiado por el devenir de su vida, que un buen día decide iniciar un blog para así expiar algunos de sus demonios interiores aprovechando que Internet es un océano inmenso donde nuestra voz se diluye por la voz de los demás usuarios. Sólo le conoceremos por el alias que elige para su bitácora personal, Ismael, en claro homenaje a “Moby Dick” (recordemos que es el nombre del joven marino que se enrola en el ballenero del capitán Ahab):

“Ismael y yo somos sin lugar a dudas el mismo individuo, y no sólo como una entidad física, sino en todos los aspectos, salvo quizás en algunos pequeños detalles que únicamente yo percibo y distingo. Siempre pienso en el marinero del “Pequod” cuando escribo este nombre para conectarme. Aunque me considero un navegante sin patrón, sin un capitán Ahab que guíe mi barco; un lobo de mar que viaja solo, sin tripulación y sin un rumbo cierto, vagando a través de un océano inmenso y con la convicción de que jamás encontrará a la gran ballena blanca, ni el tesoro oculto en una isla remota, ni cualquier otra quimera que se le parezca. Sospecho que nada podría alterar el monótono curso de mi vida, ni siquiera el hecho de que algún día se cruzase en mi camino un ser tan fabuloso como Moby Dick”.

En este mar de laxitud y aburrimiento (“Nada de lo que me ha sucedido puede considerarse excepcional. Mi vida, como la de la mayoría, se compone de una suma de rutinas diarias que me han hecho sentir moderadamente feliz”), nuestro protagonista se verá inmerso en un camino que cambiará su vida y su anonimato para siempre, y que nos mostrará que el concepto de felicidad en la actualidad puede haberse transformado mucho.

Todo comienza con la presentación de un proyecto de tesis por parte de Marian, una alumna de doctorado que provoca en nuestro Ismael una poderosa e indescriptible pulsión por ella (“Puedo afirmarlo de forma categórica: hasta que conocí a Marian, no hubo nada en mi vida que pudiera considerarse como digno de mención”). Esto provocará en nuestro reflexivo profesor un tremendo desasosiego a la vez que fascinación. Tras su gélida relación conyugal con su ex mujer Teresa, en la que fue comprobando cómo ella perdía por completo la pasión y la ilusión, esta emoción de sentir deseo a la vez que sugestión por una persona bastantes años más joven que él lo mantienen en una situación de completa tensión. La tesis doctoral de Marian trata sobre los escritores anónimos: desde aquellos que tuvieron que elegir el anonimato para escribir por contrato o para otros autores (los conocidos como negros) hasta los que utilizaron su anonimato para esconderse del calor sofocante de la fama, pasando por los que simplemente lo utilizaron como estrategia comercial para conseguir hacerse conocidos. Pese a la poderosa atracción del tema, Marian no posee grandes fuentes bibliográficas para sostener un trabajo de tanta envergadura frente al concienzudo examen de los expertos, por lo que nuestro protagonista se encuentra en una verdadera diatriba. ¿Es ético satisfacer las ilusiones de una alumna únicamente por el hecho de sentirse atraído por ella? ¿No sería a la postre el inicio de su caída en desgracia frente a sus colegas académicos?

Las lecturas de la investigación de Marian nos regalará interesantísimas anécdotas de la historia de la literatura, fruto de una profunda investigación de Jaime Molina, sobre escritores que utilizaron el anonimato para impulsar su carrera o precisamente para seguir escribiendo a pesar de ella. Sería imposible concentrar aquí todas ellas, son muchas y muy jugosas, pero valga de muestra este fragmento:

“Marian saltaba del caso de Salinger al de Thomas Pynchon, de quien se llegó a sospechar que era un alter ego de Salinger. Como a casi todos los artistas que guardaban un riguroso celo de su vida privada, a Pynchon le atribuyeron todo tipo de historias inverosímiles, como la de haber redactado el manifiesto de Ted Kaczynski, el matemático anarquista más conocido como “Unabomber”, un perturbado que tuvo en jaque al FBI porque durante años se dedicó a enviar cartas bomba a profesores universitarios y aerolíneas comerciales. En cualquier caso, Pynchon tomó el ejemplo bien aprendido de su maestro Salinger y decidió aplicar la lección desde el comienzo de su carrera literaria y empezar siendo una ausencia más que una presencia. Tanto sus admiradores como sus detractores se preguntaban por qué un tipo como él se negaba a promocionar sus propios libros o a conceder una entrevista. La única vez que aceptó hacerlo fue en la televisión y con la condición impuesta de que su rostro apareciese nublado. En aquella entrevista concedida a la CNN, Pynchon ironizó sobre las críticas que algunos vertían sobre su actitud huraña, propia de un ermitaño (…) Sea cual sea la explicación que se quiera dar a su caso, lo cierto es que causa perplejidad, porque Pynchon ha sido un novelista que ha alcanzado el éxito y mantenido su prestigio sin necesidad de hacer el trabajo sucio que las editoriales les exigen a sus escritores, además de escribir. Él ha sido uno de los pocos supervivientes de un sistema en donde si un escritor no se exhibe, no existe y, por tanto, no vende.”

Finalmente nuestro Ismael cederá ante el impulso oceánico de su amor por Marian, y llevado por esas corrientes irreflexivas irá aceptando capítulos de la tesis faltos de rigurosidad y con poco peso bibliográfico. Todo se mantendrá en una estabilidad efímera y, tal y como nuestro profesor teme, llega el momento en que todo comienza a desestabilizarse. Marian encuentra un filón muy interesante para su trabajo en una productora de cine estadounidense en cuyos archivos sospecha que hay pruebas del trabajo de decenas de escritores de renombre que redactaron guiones para series y películas de bajo presupuesto como una actividad que les permitiera mientras tanto seguir publicando novelas. Esto la llevará a comenzar a viajar a los Estados Unidos para realizar investigaciones, y nuestro profesor se sentirá cada vez más utilizado y a la vez esclavo.

Precisamente en los Estados Unidos nuestro protagonista descubrirá qué son las redes sociales y el influjo que ya ejercía en la población de aquel país cuando en España aún no las conocía apenas nadie. Y ese será otro de los rumbos que marcarán ineludiblemente el destino de este Ismael privado de un capitán, de alguien que le marque las coordenadas adecuadas que le salven del más puro desastre. El mundo de Internet le ofrecerá una nueva visión del mundo que él irá aceptando y en la que, poco a poco, se irá incluyendo para sumar así su anonimato al anonimato de la inmensa población de Internet. Un mundo fabricado de información, pero de una información creada por personas, con intereses no siempre demasiado éticos, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción. Al fin y al cabo somos seres esclavos de nuestros sentidos, y la realidad es algo perfectamente construible y transformable. Como colofón de todo ello, nuestro particular Ismael topará con una curiosa empresa, Nueva Fundación, y su particular visión de las relaciones humanas. ¿Hasta dónde será capaz de llegar para conseguir lo que quiere? Como le recuerdan a nuestro protagonista, “a veces, con quien más queremos estar es precisamente con quien no podemos estar”.

“La Fundación 2.1” es una obra fruto de un autor ya muy maduro literariamente, capaz de desarrollar una trama como una jugada a largo plazo, sabiendo desenroscar, capítulo a capítulo, una trama en espiral donde nada es lo que parecía ser y donde todo parece estar conectado como nadie podría imaginar. En todo momento planeará sobre el lector la figura de esta misteriosa empresa donde todo es posible, en la que se ofrece la felicidad de un modo tan contundente. ¿Será Internet la verdadera herramienta para ser feliz? ¿Logrará Ismael encontrar el rumbo adecuado que le lleve a su propia aceptación? ¿Es el anonimato un arma o una adicción para el usuario de internet? Todas estas preguntas encuentran respuesta en “La Fundación 2.1”, una obra documentada y realista sobre cómo nos relacionamos hoy en día en Internet y hasta qué punto preferimos ser anónimos para preservarnos a nosotros mismos.

Autora de la reseña: Viridiana
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BIOGRAFÍA DEL AUTOR: JAIME MOLINA
Jaime MolinaEs Licenciado en Informática por la Universidad de Granada, donde trabaja en la actualidad, compaginando su actividad profesional con la escritura. Ha publicado las novelas cortas El pianista acompañante (Ayuntamiento del Calviá) y El fantasma de John Wayne (Editorial Prímula). Ha cultivado sobre todo el género del relato corto, siendo autor de más de cincuenta cuentos, algunos de los cuales han resultado premiados en certámenes literarios. En el género de la novela corta destacan su obra El fantasma de John Wayne, premiada en el Certamen de Novela Corta Castillo-Puche en 2008 y El pianista acompañante, premiada en el certamen “Rei en Jaume” en 2009. Asimismo ha ganado el premio de novela Ciudad de Valencia “Blasco Ibáñez” por su novela Lejos del cielo (Editorial Sepha) en 2011. Además colabora en un blog literario y forma parte del Circuito Andaluz de Lectura desde el año 2011.

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