Reseña de “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas” | #MundoLiterario (Poesía)

Hoy recibimos la reseña de “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas”, el nuevo libro de poemas de

Hoy recibimos la reseña de “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas”, el nuevo libro de poemas de Manuel Lamarca, que editaba recientemente con Carena. Un poemario rico y diverso en el que se reivindica un regreso a los clásicos para explicar el presente a veces dramático:

[dropcap]E[/dropcap]stamos ante un poemario sincero y cercano: con “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas” Manuel Lamarca ha creado una obra que avanza sobre algunos de los mayores problemas existenciales del ser humano de un modo verdaderamente creíble y lleno de sensibilidad. El desamor, la crisis, la soledad, el paso del tiempo y otros muchos ejes principales de las preocupaciones filosóficas del hombre son las piezas centrales de este libro publicado recientemente por la editorial Carena en su colección Acidalia.

portada

En una cuidada edición, llena de belleza y que favorece una fácil lectura, Manuel Lamarca nos presenta las distintas secciones de su poemario, en el cual lo íntimo y lo social se unen totalmente (como ya ocurrió con poetas como Miguel Hernández o Javier Egea), porque, como dijo, Goyisolo «un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada». La dedicatoria con la que se abre el poemario, en la que el autor agradece a Alfonso Guerra González las ideas socialistas que él siente tan cercanas y su amor por las letras y la poesía en particular.

Como destaca Carlos Manuel López Ramos (escritor y profesor de Lengua en la Escuela de Arte de jerez) en el prólogo de “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas”, este poemario «tiene el atrevimiento y la osadía de abordar la más candente contemporaneidad de un mundo inmerso en una crisis económica de considerable envergadura y cuyas consecuencias, a todas luces negativas para la gran mayoría de la población del planeta, se hallan presentes a diario en nuestras vidas, que se ven condicionadas incluso en los ámbitos más privados». Efectivamente en este poemario la crisis es analizada siempre desde el prisma interior de quienes la padecen, de quienes ven sus sueños truncados por la macroeconomía especulativa, de quienes tienen que ver desmoronarse sus vidas o perder sus viviendas por culpa de la voracidad de los mercados bancarios y bursátiles, de quienes padecen la peor de las enfermedades, que es la pérdida de cualquier esperanza.

portada manuel lamarca

Además, esta introspección lírica se implementa regresando a las estructuras y recursos estilísticos de nuestra poesía social de más arraigo, convertida en clásicos por gran parte de poetas de las generaciones del 27 y del 36, aunque sin olvidarnos de la poesía social[pullquote-right] “En este poemario la crisis es analizada siempre desde el prisma interior de quienes la padecen”. [/pullquote-right]  de los cincuenta, la cual a mi parecer también resuena con gran maestría en los versos de Manuel Lamarca. Como declaraba Celaya «la poesía es un arma cargada de futuro», y queda claro que para este autor el poeta tiene un compromiso ético y narrativo con sus gentes, con el pueblo del que forma parte como ser humano. Como ya lo hicieron poetas clásicos como Juan Ramón Jiménez o el ya citado Miguel Hernández, su poesía es llana, cercana al lector, al trabajador, al ciudadano. Podemos encontrar asimismo, como en la poesía más social de José Agustín Goytisolo, el uso de canciones poéticas, estrofas en forma de cuartetos de métrica menor que suelen rimar.

El poemario se abre con dos poemas de introducción: un “Prefacio poético” -en la que se ilustra cómo el poeta se debate entre escribir para dar color a su alma y el poeta que contempla a su alrededor una realidad oscuridad a la que desea dar voz («Mi pluma quiere escribir ligera / y llenar el papel de luz y color. / Mas mi corazón y mi cabeza no la dejan»)-, y el poema “Mescolanzas”, en el que se explica el nutrido mosaico que compone este poemario. No hay que olvidar que el alma de un autor está llena de matices: «puzzle inquieto / de mi alma, / pieza rara que no encaja, / un quejío que me amarga / es un grito de mi alma, / mescolanzas».

La primera sección del poemario es “Estado del bienestar”, siendo la parte más explícitamente social del libro. En ella, poema tras poema, se da voz a los olvidados de esta crisis –los que sufren sus peores consecuencias, los arrollados por el tren de la economía-, se condena el capitalismo y su amoral voracidad, la alienación del trabajo a destajo por una miseria y que ni tan siquiera sirve para librarte de la pobreza… También se canta a la unión proletaria, y se detalla el mundo en el que el autor desearía vivir; un mundo en el que no tengamos que ser testigos de la peor de las miserias, de la insolidaridad entre países o ciudadanos, de las injusticias de coronas y corruptos.

«Yo quiero un mundo
donde pueda ayudarte
y darte la mano.

Yo quiero caerme
y poder levantarme
rodeado de iguales. (…)

Que no me roben la vida
con paraísos artificiales
ni pecados capitales.

Yo quiero un mundo
donde el hombre sea
la máxima preocupación
para el hombre.

Un mundo de reyes sin corona,
donde sólo reine
el honor del bienhechor
y el sudor del trabajador.»

En la segunda sección del poemario, “Hombres (seres humanos)”, el autor se centra en aspectos más filosóficos, denunciando lo que ya dijo Hobbes, que el ser humano es el peor enemigo del ser humano, y que a veces la búsqueda de sus propios intereses profesionales puede llevarle a pisotear a su prójimo. Manuel Lamarca reivindica la posibilidad de existir sin venderse, sin traicionar la ética, sin aspirar más que a ser una buena persona.

«Pienso en el hombre
y me da miedo,
y me da pena,
y me recela.

Miro de reojo
al de mi lado,
aquel que sonríe
con el cuchillo en la mano.

Pienso en el hombre
y me da miedo,
porque aquel que tengo al lado
trae mi muerte en su mano»

La siguiente sección es “Espejos”, y es la que podríamos definir como más existencial. En ella los problemas sociales y filosóficos se unen a temas más concretos en los que el autor se centra en retratar el sufrimiento que puede conllevar esta sociedad basada en la imagen Problemas como el[pullquote-right] “Esta introspección lírica se implementa regresando a las estructuras y recursos estilísticos de nuestra poesía social de más arraigo”.[/pullquote-right]  fracaso juvenil y el imparable paso del tiempo se convierten en verdaderas condenas en este mundo superficial que busca una perfección artificial e imposible: «En la oscuridad de la habitación / se asoma la mortal agonía / del silencio marchito y negro / al reflejo del espejo vacío. / Toca su rostro y palpa / las arrugas de una vida cansada / mientras busca en sus ojos / el rastro de lo que fue algún día».

En la cuarta sección “Ciudad (Lugares)”, Manuel Lamarca visita poéticamente las bellas tierras de Huelva, donde la naturaleza funde cielo, tierra y mar («En las tierras de Huelva / amanece en Ayamonte / y en la plaza La Laguna / la luz del sol responde»). Igualmente, aparece España en el poemario, y el autor le dedica un sentido y dolorido poema: «España me sangra, / España me duele, / y me llama con su grito mudo, /con la agonía de su gente». En la quinta sección “Cibermundo”, el poeta reivindica un modo de relacionarse más basado en la realidad, en el tacto, en la visión frente a frente, en contraste con el mundo cibernético en el que actualmente pasamos la mayor parte de nuestro tiempo: «Prefiero ver tus ojos / que chatear contigo./ No quiero una realidad paralela / sentado / frente al ordenador».

La sexta sección, “Familia”, resulta una de las más entrañables del libro. En este poemario queda hueco para la alegría familiar, la de los tuyos, aquellos que están ahí pase lo que pase. Sus sobrinos jugando e invitando a volver a la infancia, su madre cocinando y haciéndole sentir en el más puro hogar, sin olvidarnos de la profunda admiración que siente por su padre: «La honradez, la honestidad, / la perseverancia y el sacrificio; / valores que me enseñaste / con el vivo ejemplo de tu / propio comportamiento».  En esta sección el poemario se vuelve más cercano aún, regalando una bella porción de intimidad al lector que, durante unos versos, será testigo del amor que Manuel profesa a su familia.

Como decíamos, el alma del ser humano se compone de una infinidad de espejos enfrentados, así que no podía faltar otro de los mayores dolores de nuestro alma: el amor y su némesis el desamor. En la sección “(Des)Amor”, seremos testigos del regreso bañado en derrota de quien ha perdido el amor y camina unos minutos antes del amanecer; contemplaremos el poso amargo que queda después del amor, sabremos adónde se marcha éste y qué deja atrás. El poeta también reflexiona sobre cómo el destino separa a los amantes, no solo en cuerpo sino también en alma, y cómo la memoria puede borrarlo todo para después recuperarlo.

La octava sección del libro es “Cine”, y resulta un magnífico y sentido homenaje al séptimo arte, disciplina en la que Manuel Lamarca suele desarrollar su labor profesional como director y profesor de Medios Audiovisuales. Como no podía ser menos, la voz poética hace gala de un gran humor y conocimiento cinematográfico, y por nuestra vista aparecerán Rock Hudson, François Truffaut, Audrey Hepburn o George Peppard.

«No, no se puede ser más gay.
No, no se puede ser más gay y besar mejor.
No, Jane Wyman te ama.
Sólo el cielo lo sabe.
Eres su magnífica obsesión.
Eres su único deseo.
Hazme un favor.
Un favor especial.
Explícamelo, porque no lo entiendo.
Sí, tú entiendes.
Pero yo no entiendo.
No, no se puede ser más gay
sin ser más hombre al mismo tiempo.
Sí, no te puedo querer más.
Sí, yo te quiero.
No, yo no entiendo.
Sí, yo te amo.
Sí, yo no entiendo
mas te amo.
Sí, eres Rock Hudson.
Sí, eres mi héreoe.
Sí, eres gigante.
Sí, no se puede ser más gay.
Sí, no se puede ser más hombre.»

La última sección, “Nostalgia”, cierra el libro centrándose de nuevo en retratar el tiempo que pasa [pullquote-left] Es un gran poemario que se cuela rápido en el corazón del lector. [/pullquote-left]y nunca vuelve. En esta ocasión, no es la vejez del cuerpo lo que preocupa al poeta, sino que prefiere centrarse en recordar qué transcurrió por su vida, los lugares que visitó, la primera boca que besó. Nada de ello volverá pero vive en su recuerdo, siendo así inmortal mientras exista la memoria. Por último, en el poema “Epílogo poético” se reflexiona sobre la capacidad de la creación de sobrevivir al autor: «allí donde mi poesía crezca / mi corazón y mi alma / vivirá por siempre».

En resumen, es un gran poemario que se cuela rápido en el corazón del lector, y que le lleva de la mano a viajar por las preocupaciones del autor, y que deberían ser las que todos nosotros tuviésemos. Esta sociedad necesita de literatura como la de Manuel Lamarca, capaz de centrarse en la problemática social como eje vertebrador de nuestra existencia, a la par que reivindicar sentimientos complejos o sencillos pero siempre humanos. La portada del poemario, en la que un árbol que da como frutos símbolos del euro mientras gotea sangre nos da idea de hasta qué punto la economía puede ser la raíz del problema social.

Es un poemario necesario, que sabe hacernos reflexionar y que contribuye enormemente a retratar el paisaje dramático que nos rodea actualmente. Pero también es un libro optimista, que invita a tener esperanza, a confiar en que el ser humano sabrá arreglar lo que destrozó el ser humano.

Tras el éxito de su primer poemario, “Poemas del alma mía”, estamos seguros que a este “Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas” le seguirán también nuevos poemarios excelentes, porque este autor tiene mucha poesía en su interior y es capaz de plasmarla con gran sentimiento. Lectura obligada si queremos cambiar el mundo sin olvidarnos del corazón.

Autora de la reseña: Rosa Yaguas

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 BIOGRAFÍA DEL AUTOR: MANUEL LAMARCA

Foto Manuel Lamarca (1)Manuel Lamarca Rosales (Córdoba, España, 1974), Escritor, cineasta y profesor de Enseñanzas de Régimen Especial-especialidad Medios Audiovisuales. Licenciado en Derecho por la Universidad de Córdoba y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Granada. Máster oficial EEES en Derechos Fundamentales especialidad Libertades Informativas por la UNED. Actualmente realiza su Doctorado en Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad Complutense de Madrid.

Consejero Asesor del Aula de Cinematografía y Artes Escénicas de la Universidad de Córdoba (2000-2002). Director y coproductor del largometraje documental Dentro del Cine (2007). El cortometraje documental experimental Sinfonía breve de una ciudad (2013) es su último trabajo como cineasta.

Coautor de los libros Cómo crear una película. Anatomía de una profesión (2008, T&B Editores) y Conversaciones con cineastas españoles (2002, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba). Premio Córdoba Joven 2007 en la modalidad de Arte por el Instituto Andaluz de la Juventud. Autor del poemario Poemas del alma mía (2009, Ediciones Carena). Mezcolanzas, fruslerías y otros poemas (2014, Ediciones Carena) es su última obra publicada.

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