“¡Mi papá es un zombi! o las peores excusas pera llegar tarde”, de Nelson Cabral

Buenos días/noches público del universo, hoy y solo por ser hoy a fin de sepultar

Buenos días/noches público del universo, hoy y solo por ser hoy a fin de sepultar cierto mito de que “soy una persona seria y responsable” les traigo de primera mano una nota más pintoresca:

Hablaremos de las peores excusas, no solo de las tardanzas en cierto acto sino de las excusas en general (la gente ya no tiene originalidad).

excusas

Leí por allí  que un trabajador norteamericano al llegar tarde a su trabajo comento:

“disculpen ayer tuve una discusión con mi mujer, como venganza ella a la noche echo las llaves del coche en un vaso con agua y la metió al freezer, llegue tarde porque tuve que esperar a que se descongelaran” (chicas no intenten eso en casa)

Vaya excusa y eso sí que es originalidad tanto si fue inventada como originalidad por parte de su mujer si fuese cierta, pensé entonces ¿y donde esta nuestra originalidad al momento de brindar excusas?

Acaso solo repetimos sin parar, fue por el trafico… la lluvia… el despertador… el colectivo… etc. ni pensar  de otros clásicos más conocidos como “no eres tu, soy yo”…  “que hermoso suéter”… “un meteorito aplasto mi casa” (bueno el último no).

Ha llegado la hora de meter un poco de originalidad al asunto, no pueden estar gritando excusas sosas de creativo a los cuatro vientos, además como dato irónico las excusas extravagantes pero simples tienden a ser más creíbles que las clásicas justamente porque no son la salida fácil  por ejemplo lo primero que pienso es: “si me hubiera querido mentir hubiera elegido la opción más clásica y no está” mientras doy gustoso mi voto al confiable político (esto tampoco lo hagáis en casa)

Siendo una persona de grandes y cotidianos errores ya estoy un poco cansado del típico “discúlpame pero…” así que mejor invento historias increíblemente inverosímiles (valga la redundancia) del orden de:

  • Me recordé de tu cumpleaños pero un mapache me robó las flores.
  • Iba limpiar la casa pero un mapache me robó las flores.
  • Iba a alimentar al gato pero un mapache me robó las flores.
  • No recuerdo lo que me dijiste pero un mapache me robó las flores.

 Increíble pero esa semana funcionó esa misma excusa, lamentablemente la semana siguiente ya no hizo gracia el mapache, “si”… “las excusas tienen fecha de vencimiento y tal cual la comida pasada puede mandarnos al hospital” por eso no consuman excusas pasadas.

Supongo que si brindamos un toque inverosímil a nuestras excusas damos por sentado dos cosas, la primera es que en cierto modo reconocemos nuestra culpa lo que nos deja en respetable posición honesta y por otro lado damos un toque humorístico al asunto, lo que da a entender que no es tan grave, brindado las condiciones necesarias para una disculpa instantánea.

A veces deseamos perdonar, por lo que solo necesitamos una excusa factible para ell; ciertamente una excusa clásica no reúne los elementos correctos para el tan ansiado perdón instantáneo.

No olviden ponerse en el lugar del otro, una excusa clásica casi por definición es difícil de comprobar y  aquella duda nos puede acabar socavando el terreno hacia la catástrofe.

La duda es una cruel enemiga por eso no juegues con ella, mejor sé sincero y si tienes algún toque gracioso ponle un poco de humor de lo contrario olvida el humor (es en serio, olvídalo)

Es curioso cómo llegamos a la deducción que la mejor excusa puede ser la “menos creíble” y como se puede combatir el enojo con el humor, en ese sentido les dejare una frase que escuché decir a un escritor amigo mío y nunca la olvide.

 “solo por justos opuestos se equilibra la balanza” Domingo Sánchez (autor de más allá de las palabras)

Acabando este articulo mas jocoso que lo habitual les propongo algo nuevo “sinceridad”. Ahora me tengo que ir porque el viento hizo volar mi sombrero de copa.

Nos vemos en la próxima columna, desde Corrientes-Argentina y con chámame de fondo les envío un cordial saludo.

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