“Morir para contarlo” de Salvador Ulayar Mundiñano | #mundoliterario

Comenzamos la mañana con una nueva reseña de nuestro colaborador F.Javier. Hoy comparte con nosotros “Morir para contarlo“,

Comenzamos la mañana con una nueva reseña de nuestro colaborador F.Javier. Hoy comparte con nosotros “Morir para contarlo“, obra escrita por el autor Salvador Ulayar Mundiñano y editado por Sahats Servicios Editoriales en febrero de 2014. El libro, centrándose en un solo caso, su caso, cuenta una increíble y desgarradora tragedia colectiva que vivimos muy intensamente y durante muchos años. Cuenta también la tragedia íntima de Salvador y de las personas que le quieren y cuanto le costó superarla. Os dejamos con él.

EL 27 de enero de 1979, cuando el escritor tenía trece años, presenció a solo unos metros de distancia el asesinato de su padre en el pueblo de Echarri Aranaz. Los dos estaban en la puerta de su domicilio familiar, cuando un encapuchado disparó cuatro veces a su padre, Jesús Ulayar, por el “delito” de haber sido alcalde del pueblo entre 1969 y 1975.

Toda la biografía de Salvador gira de algún modo en torno a aquella fecha: conoció de niño las amenazas y los insultos que precedieron al crimen, padeció después la soledad y hasta el desprecio de algunos de sus cobardes vecinos y hoy asiste decepcionado y dolorido, como muchos españoles, al escenario político en el que se desarrolla el supuesto fin del terrorismo.

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Salvador ha asumido su condición de víctima como una responsabilidad, y ha recordado siempre que ha encontrado la ocasión la crueldad de los asesinos, la complicidad de quienes justificaban sus crímenes y la deslealtad de algunos políticos en los que llegó a confiar en el pasado.

Al exalcalde asesinado se le vinculaba con el franquismo recién extinguido y se le imputaban, siempre de forma solapada, muchos de los males atribuidos a los cuarenta años del franquismo, como si el odio y los rencores larvados durante generaciones fueran consecuencia de su gestión.

La familia tuvo que soportar que el Ayuntamiento llegara a la indecencia de nombrar hijos predilectos de Etxarri Aranaz a los asesinos del padre, lo que no solo fue un insulto para la familia sino que, un manchón sin precedentes en la historia del municipio, algo que a día de hoy, tristemente se sigue repitiendo en muchos municipios donde los asesinos que salen de la prisión son recibidos como héroes.

[pullquote-left]Los Ulayar no tuvieron otro remedio que convivir en aquel ambiente surrealista en que la víctima era la perseguida y los culpables y los asesinos terroristas eran los héroes y los mártires.[/pullquote-left]

En general el separatismo supuestamente democrático ha expresado públicamente condenas y algún tipo de sentimiento o actitud benevolente hacia el muerto y su familia, pero solo durante el tiempo que mediaba entre el asesinato y la última palada de tierra sobre el muerto.

Si las parroquias hubieran tenido una postura diferente frente a los asesinos y la ideología que les amparaba, la situación no habría sido tan terrible. Pero muchas veces pesó más la ideología política que la consecuencia cristiana, sin perder de vista el miedo, y así, poco se puede hacer. Las víctimas se han sentido abandonadas por la jerarquía eclesiástica. Costó mucho que los obispos llamaran terrorismo al terrorismo o que oficiaran funerales por los asesinados.

El escritor expresa su angustia por su reacción durante el asesinato de su padre, al salir corriendo y no ayudarlo en esos momentos, el miedo pudo con un niño de trece años, y reconoce con amargura que perdonarse por aquel abandono en aquellos terribles instantes finales de su padre le ha costado casi cinco lustros.

Durante décadas las víctimas fueron totalmente olvidadas, entretanto ETA ha estado ocupando instituciones de cuyos escaños, cada mes, cada año, cobraban y cobran puntualmente de nuestros impuestos.

[pullquote-left]Hoy los supuestamente “derrotados” alardean de la masacre y homenajean públicamente a nuestros asesinos ante la inacción del Estado, para mayor escarnio de las víctimas.[/pullquote-left]

Las amenazas, represalias y el asesinato han sacado de su tierra a muchos ciudadanos, esto debe exigir la derrota y expulsión de la banda y sus representantes del espacio público político por muchos años y su anulación democrática de la vida política.

Los logros obtenidos con el Pacto Antiterrorista se han ido diluyendo con los sucesivos gobiernos, llegando a negociar con ETA a favor de los beneficiarios del asesinato, del amedrentamiento social: el separatismo.

Cuando la organización terrorista quedó derrotada, un Gobierno democrático se sentó con sus dirigentes a negociar aspectos que jamás debieron ponerse en una mesa con esos componentes y les ofreció una salida que, de nuevo, rechazaron.

Arrepentimiento y perdón no son cosas igualmente exigibles, pues equipararíamos verdugos y víctimas; quien inflige el daño con quien lo padece y sobrelleva como puede.

Este libro ha tenido que salir en autoedición, por ser su única posibilidad de estar en la calle. Varias editoriales no han querido arriesgarse con su publicación, “nos gusta el texto pero el tema no vende, al público no le va a interesar y no se pueden asumir riesgos en estos momentos de crisis” ha contestado alguna editorial.

En el libro quedan reflejadas las reflexiones de Salvador a consecuencia de las vicisitudes vividas a raíz del asesinato de su padre, diferentes etapas por las que tuvo que pasar; su miedo, humillación, inseguridad, angustia, soledad, incomprensión y últimamente decepción.

Parece una historia de otro mundo, de otras latitudes y otro tiempo, y es tan dura porque nos devuelve la imagen de lo que hemos sido y de lo que somos como sociedad.

Un libro que nos hace enfrentarnos con una dura y cruel realidad que no forma parte pasado, aunque algunos lo crean, y que cada día la prensa nos muestra un nuevo episodio relacionado con lo expuesto en el mismo, que desgraciadamente no nos permite mirar con optimismo el futuro.

 

Autor de la reseña: Francisco Javier

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