MUNDO LITERATURA | Alejandro Hurtado, y el Árbol de Vida

Nacido en Cuernavaca (México), a temprana edad creyeron que Alejandro Hurtado era autista. La razón

Nacido en Cuernavaca (México), a temprana edad creyeron que Alejandro Hurtado era autista. La razón era que hablaba muy poco y solo leía; lo que resultó en estudios psiquiátricos un diagnostico de TDAH.

Lector como pocos y escritor desde la infancia de cuentos y ensayos ha comenzado ya algunas novelas, pero reconoce tener “la mala costumbre de escribir novelas y dejarlas todo a la mitad” (actualmente existen dos novelas “casi terminadas” y sin posibilidad de ser terminadas). Eso sí, hay muchos cuentos y textos inclasificables terminados, y Alejandro nos quiere presentar dos de ellos.

Esperamos que os guste la prosa de Alejandro Hurtado, lírica y filosófica como pocas. Actualmente trabaja en una novela que espera terminar para el siguiente año.

Ciclo del pez, texto suelto I

Sencillo; final, el gato se ahoga suplicando por su vida mientras que del agua sale un pez volando para condenar al gato al abismo. Ya no hay regreso para el gato, claro está.

Te voy a decir algo, ¿vale?, pero me tienes que poner mucha atención, porque si no me pones atención todo lo que te diga cae en lo vulgar, en lo trivial, y entonces daría lo mismo que te hable sobre cualquier cosa de falsa verdadera importancia. (sic) There is une femme— ¿por qué en anglofranco? Porque en español no se podría entender igual, se pierde la intención fonética de las cosas; es como poner may be a maybe, toma otra intención; entramos en otro plano físico del multiverso y ya está, ya rompimos esa bifurcación del lenguaje y de la realidad porque las palabras significan el significante.— que es preciosa por-que lo ignora, porque ignora su habilidad de alinear su cadera con los astros; ese curioso arte de dibujar mi carta astral solo con su cadera, con la interesante gracia de su biología, que en cualquier buen día se podría convertir en mi astrolabio; mi buscadora de estrellas. También te explicaré su geografía pura; al norte, siempre al norte, ella tiene dos atalayas que si alguien se ubicara allí sobrarían los mapas del mundo porque— no por la vista, no, porque estás en un desierto más bello que el de Sonora, y eso que yo hablo de uno con solo dos dunas (o atalayas) — sino que por alguna razón inútil de intentar entender, la realidad se pierde, la doctrina de Nietzsche se cumple y no existe verdad absoluta; resulta que lo que creíste verdad toda tu vida no es más que un fraude y entiendes que ya no hay motivos reales por los que no alabar a tu rene, porque estás ante una reina; la reina de tu universo imposible. Al norte del desierto hay un agujero negro que se traga todas tus ideas, las toma con manos perfectas metafísicas y las devora como si fueras un girón de humo; y tú eres un agujero blanco, tienes materia infinita para que ella la devore infinitamente. Decidiste ser artista, no hay más opciones, tú podrías ser el escultor de un arquetipo que podría dar vida a toda una doctrina. El hombre convierte en diosa a una mujer y con lo que crea ése hombre se crea una escuela de corriente artística, no es que la mujer no sea pura desde el momento de decidir ser mujer— porque se decide dejar de ser ese sórdido ser humano y convertirse en toda una estructura multifacética— sino que llega el momento en el que decide ser aun más pura y entonces un gato sea cae a un lago y sale un pez; como un trato faustiano.

Árbol de vida (cuento)

“Cuando mueras, ¿a dónde irás?”

-Hana, Las Hijas de Tara de Laura Gallego Gargía-

La vida de las personas se divide por bloques, quizás unos más cortos que otros y unos tan pequeños como un mísero cubo de hielo; igual, nunca estaremos al tanto de la proximidad del último.

Entonces fue cuando viste unas luces frente a ti y tu corazón se antojaba a tambores de guerra, en cualquier momento estallaría, aunque no hubiera tanto tiempo para ello. Y las tocaste, de frente. Todo se perdió y subías a una velocidad increíble, escuchabas cantos de unas tres personas, después de cuatro; era gente, ya mucha gente que cantaba para ti mientras subías, no podías distinguir nada en tu viaje, era seguro que no ibas al cielo porque ya lo habías dejado muy lejos, y ahora eran miles de personas. Los cantos decayeron hasta que quedaste dormida. O algo parecido.

Entonces entraste en razón de nuevo y viste que te encontrabas en algo parecido a un asteroide con vegetación, animales muy diferentes a los que conocías, animales que habías visto ya y una persona sentada frente a ti que te daba la espalda, reaccionó cuando te paraste y se paró casi a tu par sin verte.

-Llevo buen tiempo esperándote, bueno, ¿sabes? No es de reprochar porque no había forma de que te enterases de ello. Me dijeron que cuando llega el otro siempre preguntan lo mismo, bueno, no lo mismo pero hay tres opciones de pregunta así que quiero ver si es cierto o no, anda, pregunta. –te pareció interesante el sujeto por un instante, pero después el lugar volvió a capturar tu atención- vamos, he dicho que preguntes, creo que sería lo mejor en vez de que sigas tan sorprendida. No sé. Tal vez si me preguntas algo entenderías todo- dijo él, jocoso como un perro.

-… ¿he muerto?-

-sí, sí has muerto pero solo materialmente porque somos realmente energía ¿sabes? Cuando nacemos solo nos metemos a un cuerpo que es un pastel de elementos químicos pero… creo que me estoy desviando un poco ¿tienes más preguntas? ¡yo sé que sí! Mira que estoy muy emocionado porque al fin llegaste, desde que morí yo te estoy esperando, me dijeron que iba a saber cuando ya estuvieras en camino pero bueno…. ¿sí tienes más preguntas o no?-realmente estabas impactada por la noticia y con la ligereza que él lo decía, casi se reía de que estuvieran muertos, como si fuera un chiste.

-¿estoy en el cielo…?-preguntaste, como niña pequeña que le pregunta a sus padres porqué el cielo es azul.

-recuerdo que no eras muy creyente de esas cosas así que te lo he de poder decir sin tantas vueltas… -guardó silencio un instante, pareciera que para tomar aire pero era evidente que ustedes eran incorpóreos así que te fijaste bien y ya no estaba de espaldas, te veía con una sonrisa realmente grande- No. No estás en el cielo, esas cosas no son del todo cierto, ni Dios existe como tal… eso de Dios era una forma de responder a las preguntas del hombre pero sí es cierto lo de las almas, la vida después de la muerte y otras cosas de las que te enterarás durante los próximos tiempos ¿sabes para qué? Para volver a olvidarlo.

-espera…- dijiste aun más impactada, era mucha información de golpe- ¿recuerdas?, ¿eso quiere decir que ya nos conocíamos?

-¡claro! ¿Creías en las almas gemelas? Bueno, eso somos, no como las de los cuentos pero una alma gemela es la parte de ti de energía sexual contraria. ¿No quieres caminar un poco? Hay muchas cosas que te gustaría ver. Pero antes ve tus manos.

Estaban sin rayas, era como si fuese una hoja blanca, eso te había terminado de convencer de que estabas muerta pero, no eran tan malo como creíste, el lugar era muy bonito.

-sí… caminemos.- dijiste muy tranquilamente, intentando comprender todo.

Te fijaste en todos los seres que estaban cerca de ustedes, muchas plantas nuevas, animales y otro tipo de seres desconocidos.

-¿Qué… qué son ellos?

-Ellos son los seres de otras estrellas, verás, los humanos no somos los únicos en el cosmos ni los únicos humanos, hay como otros tres planetas con humanos, humanos, humanos, humanos ¿te gusta como digo… humanos?

-ya veo… ¿y los demás qué son?

-no sé, no he hablado con ellos pero si quieres luego intentamos ¿bien?

-no… así estoy bien, creo aun no he terminado de entender bien todo esto de estar “muerta”.-siguieron caminando y él te hablaba de cómo funcionaba eso de las almas gemelas, te dijo que eso trabajaba con que dos personas destinadas a conocerse nacían el mismo día, pero resulta que él fue prematuro y nació unos días antes que tú.

-a todo esto- lo dijiste sin dejar de observar maravillada el entorno- ¿quién eras?

-no te diré.

-¿por qué?

-porque no quiero pero sí me conociste, yo también estaba loco como tú. Ve aquél letrero.- “No estás soñando”, leíste entonces viste que estaba amarrado a un árbol y descubriste que había un puente de un asteroide a otro y algo parecido a una red bajo las conexiones de asteroides. Era como un cuadro surrealista.

-¿dónde estamos?- dijiste totalmente maravillada, mientras corrías hacia el puente para ver todo mejor.

-lejos, tan lejos que ningún ser vivo por más avanzada que sea su sociedad nunca podrá ver… pero hemos de volver a nacer, ya que tú llegaste y vamos en camino a El Árbol de la vida, está esa telaraña de tierra, en el centro, si quieres podemos ir ya pero te perderías de muchas cosas…

-¡No! ¿Qué dices? Quererme perder la oportunidad de conocer a todos los seres que existen, anda, muéstrame éste lugar.

-sea.

-Pareciera una taberna de cuentos de hadas, ¿no?

-creo… ¿qué ha dentro?

-entramos y te enterarás.

Entraron al alegre establecimiento y sí, pareciera de cuentos de hadas pues había toda clase de seres fantásticos y todos cantaban la misma canción y la bailaban.

-Entonces sí existen los seres de los cuentos…-afirmaste, aunque pareciera pregunta.

-Pues aquí están, trasgos, troles, elfos, hadas y demás cosas de las cuales no sé sus nombres.

-¿están… borrachos?

-ah, esos elfos son ebrios hasta muertos, creo que son así por naturaleza o no sé ¿quieres entrar a conocerlos?

-no… así estoy bien, no creo que me agradara conocerlos- y acto seguido saló un elfo ebrio montando un caballo por una de las enormes ventanas del lugar; algo los jaló de la puerta y los arrastró varios metros por la tierra y el aire hasta un árbol enorme donde había dos ángeles, dos y dos trasgos. El árbol habló con una voz musical, como si de un arpa se tratase.

-Han de nacer, les presento a sus ángeles y a sus trasgos, ellos cuidarán de ustedes en vida…- se detuvo un momento los vio con una mirada muy sabia.- los ángeles seguirán sus pasos en vida desde aquí y los trasgos los cuidarán allá, puede que les escondan unas cosas pero son seres buenos.

-Bien, has escuchado al Árbol de la vida, hemos de irnos.

-no me quiero ir- dijiste, casi como niña pequeña con un berrinche-

-¿crees que yo quiero?- y para eso empezó a brotar agua de la boca del árbol para hacer un estanque frente a ustedes- antes, pon tus dos manos sobre los dos ojos del árbol.- y a ese acto obedeciste, cuando las retiraste y las observaste ya tenían líneas nuevas, sin poder pensar sobre ello te tomé de la mano y saltamos al lago para volver a nacer.

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