«Un día de fiesta», de Piluca Ruiz: una estampa cotidiana | #MundoLiterario

Piluca Ruiz vuelve a impresionarnos, a dejarnos sin palabras. Esta vez lo hace de la mano

  • Piluca Ruiz vuelve a impresionarnos, a dejarnos sin palabras. Esta vez lo hace de la mano de un relato con un título ya de por sí atractivo: Un día de fiesta.
  • Un relato que acaba de resultar ganador en el concurso organizado por La Lectura de Ramón.
  • Escribe la reseña nuestra compañera Carmen Díez Salvatierra.

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Es un cuento, pero se parece a la vida. De una manera mágica y audaz. Piluca Ruiz vuelve a impresionarnos, a dejarnos sin palabras. Esta vez lo hace de la mano de un relato con un título ya de por sí atractivo: Un día de fiesta. Un relato que acaba de resultar ganador en La Lectura de Ramón.

Si en La obra póstuma de Sabino Portolés Piluca ofrecía un amplio catálogo de personajes siempre vulnerables y complejos, aquí dibuja una situación de aparente tranquilidad donde se viaja, de igual manera, por el mundo interior de la protagonista. Como en su libro de relatos, Piluca utiliza de nuevo la figura de la mujer para reivindicar su lugar en la literatura y en la vida cotidiana. Porque “Un día de fiesta” es, ante todo, un relato sobre la vida cotidiana. Es un relato pero podría también ser un cuadro, puesto que es una estampa de un momento de intimidad de una persona consigo misma y con su pareja. Cuando lo leemos tenemos una escena en la cabeza casi bucólica, una sensación de relajación inmensa.

La autora nos recuerda que todo vuelve a su origen porque siempre hay un sitio al que volver.

A lo largo de sus cuatro páginas tenemos la sensación no sólo de conocer mejor a la protagonista, sino también a nosotros mismos. Y eso no es fácil. No cabe en tan pocas páginas. Piluca lo consigue. Reincidiendo en la misma estructura circular que utilizó en La obra póstuma de Sabino Portolés, la autora nos recuerda que todo vuelve a su origen porque siempre hay un sitio al que volver. Ella explora la habitación como un lugar de remanso, donde no caben las obligaciones, ni las prisas, tan solo la tranquilidad del descanso. Nos conduce hacia su ámbito privado y nos ofrece así una seguridad que nos aleja del mundo exterior. Solo en ocasiones, como un telón de fondo, escuchamos   sonidos, ruidos de los vecinos, de sus hijos, de sus electrodomésticos. Escuchamos su música y compartimos, a veces, los mismos gustos. Junto con ella, repasamos nuestro hogar con una mirada nostálgica, miramos las fotos que hemos elegido frente a otras que hemos dejado en algún álbum. Recordamos la vida que tuvimos, la vida que tenemos ahora, y lo que dejamos atrás. Sin tristezas, con madurez.

Condensar todas esas visiones, todas esas sensaciones, en apenas cuatro folios, lo encuentro un milagro. El mayor logro, sin duda, es la recreación de esa atmósfera íntima de una mujer cuya libertad se condensa en veinticuatro horas. Un día entero lleno de posibilidades. Una mañana, como dice la autora, “perezosa”, donde Julia, nuestra protagonista, recuerda muy pronto a su madre. La recuerda cocinando, y es una imagen que fácilmente conecta con los lectores, todos tenemos la imagen de nuestra madre en la cocina. De esta manera, Piluca, a través de Julia, conecta con nuestra intimidad como punto de partida para arrastrar al lector en su paseo por la vida, manteniendo esa línea emocional a lo largo del relato. Una conexión que continuará hasta el final, hasta el momento en que los cuerpos de los protagonistas se rocen y dejen de percibirse los sonidos y ruidos del entorno.

El mayor logro, sin duda, es la recreación de esa atmósfera íntima de una mujer cuya libertad se condensa en veinticuatro horas.

En la entrevista que Universo La Maga hizo a Piluca, ella hablaba de la importancia de los personajes en la historia. No le faltaba razón. A lo largo del relato, los personajes secundarios ( Lola, Javier, el repartidor, la madrina, los Lisón…) cobran fuerza, se vuelven casi autónomos y nos cuentan su historia en el marco de su propia cotidianidad. Otro milagro: en cuatro páginas, la autora es capaz de contarnos hasta ocho historias distintas, un puñado de vidas diferentes. Y es que eso es lo que hace Piluca: contar la vida. Ni más, ni menos. Contar la vida es suficiente.

Autora de la reseña: Carmen Díez Salvatierra
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Biografía de la autora: Piluca Ruiz

Es licenciada en Filosofía y Letras en la especialidad de Psicología. Ha cursado, igualmente, la carrera de piano. Ha ejercido como profesora de Lengua y Literatura Españolas y como Administrativa en la Seguridad Social. En la actualidad, está retirada de la vida profesional y se dedica a escribir. Obtuvo el accésit con el relato “El hombre que pescaba en el rompeolas” del II Concurso Cultural Europeo de Literatura de la FEAFASS (Federación de Funcionarios de la Seguridad Social). En 2015 publicaba su primera novela, “La obra póstuma de Sabino Portolés” (Ediciones Oblicuas). En Junio de 2016 ganaba el concurso de relatos “La lectura de Ramón” con la obra “Un día de fiesta”, que ha sido publicado por la editorial “El fantasma de los sueños” junto con los relatos de otros autores.

 

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