«Primeras impresiones de un hombre en la sala de autopsias»: desentrañando lo humano a través de la creación poética | #MundoLiterario

Boris Rozas publica nuevo poemario: «Primeras impresiones de un hombre en la sala de autopsias»

  • Boris Rozas publica nuevo poemario: «Primeras impresiones de un hombre en la sala de autopsias» (Ediciones Oblicuas).
  • El autor vuelve a hacer gala de una poesía fielmente depurada, respetuosa con el lenguaje y seguidora de la tradición poética en verso libre.
  • Una obra que anuncia la fractura entre la realidad y el deseo.
  • Escibe la reseña nuestra compañera Carmen Díez Salvatierra.

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Abro el último poemario de Boris Rozas. Encuentro estos primeros versos: “Lo primero que erigen los hombres / son los caminos a ninguna parte”. Entro a una obra que anuncia la fractura entre la realidad y el deseo, como ya hicieron otros grandes poetas como Cernuda, que tituló así su obra poética. Una fractura que sin duda es una de las grandes explotadas en el terreno poético, siempre empeñado en buscar respuestas a través de la palabra.

La poesía de Boris en estas primeras impresiones continúa siendo fielmente depurada, respetuosa con el lenguaje y seguidora de la tradición poética en verso libre. Libre es también su poesía, que huye de catalogaciones fáciles y de encorsetamientos estancos. Sus versos nos acercan a la vida, a una experiencia concreta y situada que tiene mucho de universal. La esperanza como camino es siempre el hilo conductor aunque se advierta, desde el principio, una conciencia clara de los obstáculos ontológicos. Existe pues un diálogo evidente con su antología La senda de las espigas, en tanto en cuanto sigue tocando el tema de la búsqueda de la estabilidad, de la deshumanización, del amor como salvavidas, a pesar de la dificultad de las relaciones humanas. En La senda de las espigas Boris hablaba de una “vida de prepago”; en Primeras impresiones de un hombre en la sala de autopsias cambia el emplazamiento pero no esa idea de la condición efímera de la vida y habla de “la vida entre soportales”. Una vida, una poética que buscan refugio en las manos de un lector amigo.

De igual manera, como ya señalaba en una entrevista en Universo La Maga, la escritura poética es para Boris una herramienta y un transporte: “Reitero, la poesía me ha dado voz y quizás un camino por el que dirigir mis pasos por la vida, poco más se le puede pedir. Si acaso algo más de trascendencia en esta sociedad nuestra tan extraña, pero eso ya es harina de otro costal…”. Y escribe, para señalar el lugar preciso de la escritura: “proclamando / mi vida en verso / antes de ser alguien”. No olvida el poeta su compromiso con la realidad. El ataque -reflexivo, pausado, lúcido, pero ataque al fin y al cabo- a un mundo donde priman las mercancías sobre los hombres, donde la vida es un campo de batalla, una exigua zona de confort que hay que defender a toda costa, en ese punto de inflexión radical, tenemos versos de una fortaleza apabullante como estos: “sin saber que hubo un Gilgamesh de arcilla / donde ahora los hombres gastamos y dormimos”. He aquí la conciencia histórica.

Estación Europa, una de las partes del poemario, indaga en la idea de amor en las metrópolis. ¿Cómo se puede amar en las ciudades infinitas? ¿Es posible que dos cuerpos se toquen, y no solo eso, sino que se sientan transformados por ese roce? Los poemas de amor de Boris suelen buscar siempre, buscar o esperar, o ambas cosas, mientras la persona amada se compara con “espuma de viento” y el poeta se vuelve “una casa flotante”: el amor líquido del que hablaba el sociólogo Bauman late en sus versos de manera clarividente:

En la ribera de los canales de la Pequeña Venecia

me zumban los oídos de tanto esperarte,

me revientan las venas del corazón

que se ha hecho noche

por el camino de los Comisionados,

eres espuma de viento y yo

discurro contigo

como una casa flotante de manga estrecha,

anclado en tu sombra imaginada

entre las calles,

tan solo a lo lejos.

Boris se emplaza también a ofrecernos pequeñas estampas cotidianas de las ciudades; lugares concretos que se vuelven íntimos tras el paso con la persona amada, situaciones que nos trasladan imágenes muy puras de lo que significa la vida tamizada por la poesía:

En George Square esperando el tren de vuelta, sentados

en un banco viendo a las chicas que ensayan

extrañas pantomimas adolescentes

ante la atenta mirada de los jóvenes de los

suburbios portuarios, que sienten la tarde

como una nueva oportunidad.

En algún momento de las primeras impresiones, encuentro la respuesta del quehacer poético que es el de Boris, pero también -pienso- el mío, el de mucha otra gente que escribe. ¿Para qué escribir? Para combatirnos de la quema. La fuerza de la imagen del fuego es suficiente. Lo que queda después de lo que arde es el traje con el que hemos de vestirnos. Ese traje, por supuesto, es el de la poesía.

Autora de la reseña: Carmen Díez Salvatierra
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Biografía del autor: Boris Rozas

Nace en Buenos Aires (Argentina). Es Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid, ciudad en la que ha transcurrido la mayor parte de su vida. Suele desenvolverse en la esfera del verso, pero sin dejar de lado la narrativa o el ensayo, con el sano afán de conservar la esencia de las dos orillas literarias que atesora.

Su faceta poética abarca hasta la fecha nueve libros publicados, más un décimo en preparación para el año 2017 (La Ceremonia de los miedos, Poesía Completa del autor, Universidad de Colima, Méjico): Bagajes del alma (2004), Lleno del mar (2005), Hemisferio Sur (2007), Huyendo de este jardín, me encontré con el viento (2009), Ragtime (2012), Invertebrados (2014), La senda de las espigas (Antología poética del autor, 2016), La libertad de los girasoles (Plaquette, USA, 2016), y Primeras impresiones de un hombre en la sala de autopsias (2016). Su obra aparece ya en numerosas antologías literarias, entre las que podemos destacar: “Poesía Española. Una Propuesta. De la Generación del 68 a la del 2000” (2008),“La Hora Sagrada. XIII Encuentro de Poetas Iberoamericanos” (2010), “Corazón de Cinco Esquinas. Junta de Castilla y León” (2010), “Esta ternura y estas manos libres” de Poesía Hispanoamericana, homenaje al Centenario del natalicio de Julio Cortázar (2014), “Hispanic Culture Review”, George Mason University, Vol. XXII, etc.

Ha obtenido más de ochenta galardones literarios hasta la fecha, de entre los que podemos destacar: Primer Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, Premio Sarmiento de Poesía 2007, Primer Premio del XXXIII Certamen de Poesía Manuel Garrido Chamorro, Accésit del Premio de Poesía Ángel Miguel Pozanco por la obra “Hemisferio Sur”, dos veces finalista del Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma (2012 y 2015), Primer Premio de las XLII Justas Poéticas de Laguna de Duero, Primer Premio de Poesía del XVI Certamen Poético “Villa de Ermua”, Accésit del XXIII Premio Nacional de Poesía de Peñaranda de Bracamonte, en dos ocasiones Accésit del Premio Nacional Hernán Esquío de Poesía, “Botijo de Plata” en las XLVI Justas Poéticas de Dueñas, Primer Lugar del III Concurso Internacional de Poesía “La palabra de mi voz” (Miami, 2016), “Bautismo de Recuerdo” auspiciado por la Casa de José Zorrilla en Valladolid, España, etc. 

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