La luz de “El relámpago en la habitación”, de Marina Tapia | #MundoLiterario (Poesía)

Hoy presentamos en nuestro #MundoLiterario una de las apuestas poéticas de la editorial Nazarí, “El

Hoy presentamos en nuestro #MundoLiterario una de las apuestas poéticas de la editorial Nazarí, “El relámpago en la habitación”, de Marina Tapia. Una obra atrevida y erótica con grandes dosis de un lirismo verdaderamente fresco.

El relámpago en la habitación oroTras una ya amplia carrera literaria, publicando en diversas revistas y antologías, así como recibiendo múltiples premios, Marina Tapia publica su poemario “El relámpago en la habitación” con la editorial Nazarí. Es un libro sensual y sexual, lleno de poesía, amor y deseo. El carácter erótico de sus versos no se queda simplemente en lo figurativo, sino que suponen una reivindicación de la pulsión sexual, del deseo como forma de comunicación. El sexo puede ser un destino tan deseable como el amor, y está claro que el amor sin el sexo es sólo una entelequia que no lleva sino a la frustración de los sentidos.

El libro se abre con el poema “Confesiones de Morta”, cuyo título hace clara alusión a la tercera de las Parcas romanas, que determinaba cuándo se debía cortar el hilo de vida de las personas. No sabemos si esta alusión recupera el concepto de deseo/muerte del psicoanálisis, pero sí está clara la reivindicación de lo que no debe morir, de lo que debe arder siempre: “Yo te rescataré sobre mi lecho; / tu alarido será / tan alto, / tan espeso. / Nadie te raptará de mi jardín. / Ni siquiera / la vida”. El deseo es una pieza del puzzle inevitable (“No dudes, no retengas los pasos por temor. / Ya estaba desposado / tu gemido”), sobre la que se construye toda una escenografía corporal (“Parece que ha llegado aquella noche. / Estás capacitado, dador, y yo, dispuesta. / Hace tiempo que espías, / que entre-a-bres la puerta / angosta / que recorro / o imaginas el goce”).

Como señala el escritor Ángel Olgoso en el prólogo de este poemario, “Es el sexo, en definitiva, el tótem sobre el que gira este libro, esta joyita de fascinante, de espumoso y sin embargo preciso erotismo (…); para Marina el placer es nuestra única, nuestra parva defensa contra un mundo amenazante”. La vida debe rendir culto a la propia vida, no hay nada más elevado que saberse animal, que responder a la lujuria con lujuria: “Escucha, la lujuria / es santa, / no te pierdas / el goce de saberte un animal”. Es la transmutación del ser humano en el animal que habita su continente corporal y su interior espiritual, una suerte de reencarnación efímera en deidad del placer: “Imitaré el idioma de las bestias y plagiaré / a la amante más osada, / para satisfacerte, / practicará mi boca / otro lenguaje”.

I
No se llama preámbulo este paso,
no se apellida juego,
aunque empecemos siempre en las orillas
y avancemos con pistas
de voz
para la piel.
Otra mujer, de pronto, me releva,
conversa haciendo lazos al pretexto
o despeina vocales.
Planea la atención sobre la boca
que al fin decidirá el acercamiento.
Y sólo así,
desnudos de palabras,
se inicia aquel oficio de nombrarnos.

En “El relámpago en la habitación” podemos encontrar ecos de Ana Rosetti (“La noche es el jardín de lo posible”), de Juana Castro (“No me ofrezcáis / hermanas / más ungüentos/ vuestro polvo de arroz / trabilla / pintalabios / o complicado moño de horquillas para el pelo”), de Gabriela Mistral (“Y vuelve a percibir tu cuerpo como un fleco movido en el placer. Y vuelve a revivir –en mi paisaje- el vértice animal”), o incluso de Charles Bukowski (aunque sea en realidad alusión al conocido club madrileño de poesía y música):

BUKOWSKI CLUB
Me cogen del cabello los poetas,
con versos casi vírgenes,
sin corregir, y afirman
-en su cama-
que se depura el texto con sudor,
arriba de mi pelvis…

Me arrastran como presa por Gran Vía,
por Fuencarral, por Chueca hasta el Bukowski,
hasta el sagrado nicho de la sombra,
hasta el lavabo abierto,
al podio de las piernas,
al éxtasis del aplauso.

A veces vomitamos los escritos,
volvemos a beber o a pervertir
nuestro fervor secreto por Valente.
Orgásmico delito
besar a dos, a tres, llevada de la mano de Rossetti.

Estructuralmente se divide en 7 capítulos, que recorren distintas visiones del amor y el sexo, con títulos tan claros como “Las devociones”, “La espuma del deseo” o “A boca descubierta”. Resulta también muy interesante el capítulo dedicado a la ciudad donde reside: “El dulce cautiverio de Granada”.

editorial nazariEs un poemario atrevido, elegante, salvaje. Es difícil encontrar el tono para abordar temas tan conocidos como el amor o el sexo, y Marina Tapia consigue acercarse a ellos con frescura y grandes dosis de catarsis. Su fina ironía y la ilusión de su voz poética resultan a veces paradójicas y ello es una baza más de este libro de poemas. “El relámpago en la habitación” es otra de las apuestas de la editorial Nazarí que deben ser tenidas muy en cuenta por los lectores de poesía contemporánea, estamos seguros de que la voz poética de Marina Tapia tendrá aún mucho que decir en el futuro, así que estaremos atentos a sus próximas obras.

Autora de la reseña: Viridiana

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BIOGRAFÍA DE LA AUTORA: MARINA TAPIA
Marina Tapia, nacida en Valparaíso (Chile) y residente en Granada, compagina su actividad literaria con las artes plásticas y con su trabajo como titiritera. En literatura cuenta en su haber con el premio “Arte Joven La Latina” de la Comunidad de Madrid (2008), el “Voces Nuevas” (2007) de la editorial Torremozas y el Primer premio en “Barbate Lee 2011”, entre otros. Ha publicado sus versos en la obra conjunta De Raíz: creaciones de mujeres del mundo (Horas y Horas, 2002), Voces Nuevas XX Selección (Torremozas, 2007), en la antología Poesía en Sidecar (Huerga y Fierro 2010, 2011, 2012) y el libro 50 Mujeres Desnudas (Amargord, 2013) y en las revistas “Duoda”, “Asparkía”, “Voces Literarias”, “Luces y Sombras”, “Blanco Móvil” y “Ventana Latina”. Es la coordinadora en Granada de “La Memoria de los Libros”, y Sátrapa del Institutum Pataphysicum Granatensis.

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