«Se le olvidó que era yo», de Efrén Alemán García, una aproximación poética al Alzhéimer | #MundoLiterario

«Se le olvidó que era yo», el primer poemario de Efrén Alemán García, retrata una

  • «Se le olvidó que era yo», el primer poemario de Efrén Alemán García, retrata una dura enfermedad como es el Alzheimer.
  • Pocas veces nos encontramos ante una obra tan sincera y profunda, tan esperanzadora y a la vez realista.

La Literatura, como otras muchas expresiones del Arte, tiene la capacidad de aproximarse al dolor y transformar de manera constructiva su experiencia. De este modo, el dolor puede transformarse en una experiencia poética que sea capaz de recuperar lo hermoso. Este es el caso de «Se le olvidó que era yo», el primer poemario de Efrén Alemán García, en el cual retrata una dura enfermedad como es el Alzheimer. Un modo de que quienes sufran en sus seres queridos esta enfermedad (fue el caso de su madre) puedan aproximarse a ella tomando como punto de partida la poesía y los recuerdos. Pocas veces nos encontramos ante una obra tan sincera y profunda, tan esperanzadora y a la vez realista.

Este libro constituye una forma hermosa de enfocar esa terrible dolencia, a la vez que permite recabar una lección vital de fuerza mental y ganas por seguir adelante, pese a cualquier contratiempo, a través de la metáfora y la prosa. En una cuidada edición de Círculo Rojo, encontramos un libro de poemas y prosa que abre completamente su cuerpo y su alma al lector. Una forma de sintonía ante un mismo dolor que es capaz, como decimos, de transformarse a la vez que transforma al propio lector. El bello prólogo de la obra explica, con la experta prosa de Efrén Alemán, el objetivo principal de esta obra: una invitación al recuerdo, a la esperanza, a la inmensa belleza que la vida, aun siendo irónica y a veces cruel, nos regala.

«Y es que la enfermedad de alzhéimer tocó a su puerta  hace ahora casi diez años. Desde entonces, su rostro y su presencia se han ido apagando como la trémula y débil luz de aquellos quinqués de antaño. La fiesta de alegría que emergía de su sonrisa angelical también ha ido echando el cierre a medida que la dolencia ha ido avanzando (…) Supongo que no hay nada eterno en esta vida, y lo único que se me ocurre es invitarla a una sonrisa temprana cuando le dé por levantar la cabeza del suelo, y el mar rebrote unos segundos en su tierna y pelágica mirada poblada de bondad. Aunque ella ya no sepa que es ella. Aunque mi madre ya no sepa que es mi madre, y se le haya olvidado que soy yo».

Por eso el libro comienza con una carta de cumpleaños, desde Luxemburgo, en la que el recuerdo toma forma incontestable, tiñe las aceras y los bancos, aflora a nuestra alma como un torbellino. A través de sus páginas, en las que la poesía y la prosa se entremezclan, viajaremos a través del presente y del pasado, nos sumergiremos en los recuerdos, daremos forma y luz a lo que fue pero también a lo que siempre será. Lo que permanecerá siempre intacto, vivo como el primer día, en nuestro interior pero también en todo lo que somos y seremos, lo que vemos y aprendimos.

Esa es la belleza de la Literatura, su enorme poder que hacer vivir para siempre todo, que es capaz de centrar nuestra memoria en el más leve recuerdo que ahora, con el paso del tiempo, cobra la mayor de las fuerzas posibles. En «Se le olvidó que era yo» el autor torna el recuerdo en palabra, y nos invita de esta manera a viajar a través de los momentos que conforman la vida de su madre pero no solo de su madre. Por esa razón, la profundidad temática del libro es capaz de narrar sobre la enfermedad de su madre pero también sobre cómo la enfermedad afecta a otras personas y, ante todo, ante la esencia narrativa de los recuerdos. Encontraremos incluso alguna cita del gran poeta uruguayo Mario Benedetti, cuya esposa sufrió también esta enfermedad.

Y los recuerdos traen más recuerdos, y podremos asistir a la infancia, a su encantador descubrimiento, el olor a frutas del mercado, la maravillosa grandeza de los edificios y los momentos vistos a través de la mirada del niño. Pero no queremos endulzar nada, esta obra es un acercamiento completo a la enfermedad, es un retrato bello pero también realista, y por ello es también valioso, porque ofrece al lector una aproximación múltiple, como es la vida misma, con sus matices y sus claroscuros.  

«Pero no importa, la música

por momentos la devuelve

al olor sutil de aquella cocina,

y a las travesuras de sus infantes

que solo con un gesto calmaba,

mientras se sancochaba otro potaje

de felicidad entre calderos de nubes.

 

No importa. Se le olvidó.

Se le olvidó también que soy yo

ahora quien la observa. (…)

 

Me llamó Efrén.

Soy su hijo.

Pero eso, aunque no quisiera,

ya se le olvidó

a la sonrisa sempiterna

de mi madre, mi querida madre».

 

Nos acerca también a otras memorias, como la de Ernesto, nacido entre bombas:

«Con una mirada clara y transparente me recibe. Ernesto Gómez Redondo se me acerca, desde el salón en el que se encuentra haciendo sus ejercicios mentales, y en pocos minutos me revela unas ganas de vivir y una inteligencia capaces de luchar contra el alzhéimer para contarme su entrañable historia».

Hay poemas que verdaderamente nos emocionan por ser capaces de resaltar esa belleza que hay en una madre, en toda la valentía cotidiana y esfuerzo continuo que implica.

HEROÍNA

«Nunca llevó capa especial,

ni pudo llamar a Superman

cuando se le pasaba quizás

el arroz de alguna paella.

Tampoco hizo ningún acto

digno de los anales de la historia,

ni le sirvió de mucho 

un posible sentido arácnido,

entre las cuatro paredes

en que quizás voló demasiado pronto

su libertad hacia otros sueños,

plagados ya de olvido,

sin muchos recuerdos.

 

Definitivamente lo suyo

no eran los poderes especiales,

aunque debo confesar

que su sonrisa iluminaba más

que todas las hazañas de cómics

que pudiese haber presenciado.

 

Además, nunca quiso ser reconocida,

ni trufada de laureles en el cuello,

si bien vencía en cada batalla diaria

por sacar adelante a la familia,

no siempre con todo el reconocimiento.

 

Ya podía tronar, llover a cántaros,

y que le cayeran por la frente

unas briznitas calientes del sudor

perlado y febril 

de una incorruptible gripe.

 

Ella siempre estaba ahí,

más allá de las viñetas

de otros superhéroes de cuento.

La mejor heroína de todas:

mi madre».

Y momentos donde se demuestra cómo el recuerdo está, agazapado, para traernos la belleza y la sonrisa cuando menos lo esperamos ya:

«Empieza a tocar. Sus padres y una amiga lo observan y lo escuchan atentamente. La sonrisa sempiterna de su madre, en ese instante, lo conmueve. Está tocando las puertas del cielo. Sus poros se erizan. Hace tiempo que ella, su madre, no recuerda algunos sonidos, porque el alzhéimer los ha hecho pasar a mejor vida. Sin embargo, en las cuerdas siente algo especial que le hace olvidar cómo el gris de sus cabellos va carcomiendo poco a poco su pretérita belleza. Es el momento de que los pensamientos comiencen a volar de nuevo, aunque se hayan quedado anclados en los manteles antiguos y las fotos. Ella mira a su marido.

¿Recuerdas cuando me tocabas a Silvio?- le dice sin que su marido se lo espere.

Para una sonrisa ha servido, y para tocar durante un momento las puertas del cielo. Una sonrisa materna de guitarra».

En resumen, una obra emocionante que nos acerca a los recuerdos, a la vida, a la memoria y a la esperanza, aunque también al dolor que implica a veces vivir y al sufrimiento que el olvido nos trae. Una obra que, como la vida misma, es capaz de reflejar todos los matices que conforman nuestro devenir y que, sin duda, es un bellísimo retrato sobre la maternidad y el amor de un hijo, pero también un canto de fortaleza y esperanza para todos aquellos que están aún en la lucha contra esta enfermedad que nunca logrará borrar la memoria del todo. Porque la memoria (y más si es transformada en palabra) es imbatible cuando existe el amor. Y Efrén Alemán nos ha sabido aproximar a ello de un modo profundo e inolvidable.

Autora de la reseña: Rosa Yaguas

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Biografía del autor:

Efrén Alemán García nace en mayo de 1985 en el seno de una familia obrera en el barrio periférico del Batán, ubicado en la capital grancanaria, Las Palmas de Gran Canaria. Con un padre profesor, una madre ama de casa y un hermano gemelo, desde pequeño siente una voz interior que lo llama a viajar por las palabras, aunque han de discurrir algunos años de periplos por las lenguas extranjeras, una licenciatura en Traducción e Interpretación y algunas breves aventuras en concursos de prosa y poesía hasta que, al final, se decide a embarcarse en el lanzamiento de su primer y único blog en 2008, que lleva por nombre “Poeta del Alba”. Una década después de tan señalada fecha, llega la primera obra, cuyo foco principal se centra en la terrible dolencia de la desmemoria que padece la madre: el mal de Alzhéimer.

Efrén Alemán

 

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