Entrevista al escritor David Llorente | #MundoLiterario

Hace un par de semanas nuestra compañera Marisa Caballero tuvo la oportunidad de entrevistar al

Hace un par de semanas nuestra compañera Marisa Caballero tuvo la oportunidad de entrevistar al escritor madrileño David Llorente, autor de «Te quiero porque me das de comer» (Leer reseña aquí). Pese a que reside desde hace años en Praga, ha escrito un verdadero homenaje agridulce y descarnado del barrio de Carabanchel, que además es una estupenda novela negra. Ha sido una oportunidad para que nos hable sobre su última obra y, cómo no, sobre el oficio de escribir:

El comienzo de tu novela desconcierta. Es un bombardeo de personajes, situaciones, información, como si no existiese un guión, como si plasmases en el papel lo que acude a la mente cuando la dejas vagar. Supongo que tenías muy claro que, tanto tú como tus lectores, nos enfrentábamos  a un reto. ¿Temías un rechazo?

El desconcierto no es tal. Lo que sucede es que cuando abrimos una novela (queramos o no) tenemos una idea preconcebida. Ya esperamos algo incluso antes de leer la primera línea. Esperamos un narrador y una historia ordenada cronológicamente que poco a poco vaya desarrollando personajes y haciéndolos aparecer paulatinamente. Y si no encontramos eso, el lector se desorienta. Pero el lector debe decir: ah, vale, este libro no sigue el esquema tradicional de novela. Y continuar leyendo, a ver si le gusta la historia y la manera de estar contada. Para mí no era ningún reto. Cuando termino una novela, empiezo otra. No existen lectores de mis novelas. No siento presión. Si escribo de forma diferente es porque me aburre escribir de manera tradicional. Y porque creo que existen nuevos caminos (difíciles, pero muy expresivos) que hay que explorar. Solo de esa manera se avanzará en el género (me refiero a la novela, no al género negro).

Llorente

[pullquote-right] «Rompí las convenciones de la puntuación tradicional y me puse en manos de la fuerza narrativa de los dos puntos, y también vi que funcionaba». [/pullquote-right]

No temía al rechazo porque al rechazo ya me he acostumbrado. Tengo un doctorado en manuscritos rechazados por escribir “novelas de alta calidad literaria, pero demasiado arriesgadas, y por tanto muy difíciles de vender” (como me han dicho varias editoriales, antes de dar con Alrevés, la editorial a la que le gusta lo que escribo justamente por aquellos motivos por los que otras editoriales no se atrevieron a publicarme). Hablando del rechazo del público… Si escribo pensando en la reacción del público, mejor dejo de escribir. Si escribo pensando en qué editorial me la va a publicar, mejor dejo de escribir. Si escribo pensando en qué tema gustará más a la gente, mejor dejo de escribir. Si escribo pensando si venderé mucho o poco, mejor dejo de escribir. Esos no son los parámetros que rigen a un escritor (a un escritor de verdad). El escritor debe guiarse por la intuición y por la necesidad de expresarse, de contar, de construir esa “palabra en el tiempo”, que decían los poetas. Un escritor debe aspirar a tener (al final de su vida) una obra literaria coherente y de calidad, y no a vender sea como sea, mucho menos a ser famoso.

 Te quiero porque me das de comer - David Llorente

El lector enseguida se da cuenta que tiene en sus manos una novela diferente que ha llevado horas y horas de planificación. Es un puzle en el cual el lector interviene junto con el autor en el devenir de la trama. ¿Qué te llevó a elegir algo tan complicado?

Evidentemente no lo elegí de manera caprichosa. No me senté con el bolígrafo en la mano y dije: “A ver qué cosa rara se me ocurre.” No. La historia que quería contar tenía la enorme complicación de que los sucesos debían suceder simultáneamente y que esa sensación de simultaneidad debía ser evidente. Probé varias técnicas narrativas y solamente me funcionaba una. Por qué funcionaba esta y no otra, eso ya no lo sé. Sometí al texto a un proceso de deconstrucción, de atomización, y vi que funcionaba. Rompí las convenciones de la puntuación tradicional y me puse en manos de la fuerza narrativa de los dos puntos, y también vi que funcionaba. Luego trabajé el orden en el que debían ir apareciendo las historias y los personajes. Eso fue lo más complicado.

Nos narras cómo era en 1993 la vida dura en Carabanchel. Posteriormente pasamos a 2003: ya había mejorado la situación de muchos de los personajes. Pero el mal ya estaba hecho. Algo se había roto dentro de ellos, muchas vidas se habían destrozado. ¿Cómo nos explicarías esa destrucción, esa labor de zapa?

[pullquote-right] «El mal no ha dejado nunca de proliferar. El diablo se disfraza de agente antidisturbios». [/pullquote-right]

La vista del escritor tiene que se capaz de atravesar las mil capas superficiales de la (aparente) realidad. Yo vi a muchos Manolitos Gafotas que volvían descalzos a casa porque les habían mangado las zapatillas. A un amigo mío lo secuestraron a cincuenta metros de su casa. A mi padre lo metieron en el lavabo de un bar a punta de pistola. Por la calle había hombres que seguían a los niños para manosearlos. Los yonquis te pedían dinero con una jeringuilla colgando de cada brazo. Aprendías a sacar la llave cien metros antes de llegar al portal. La Jauja, el gran mercado de la droga, la tenías a doscientos metros y funcionaba 24 horas al día. Puedo seguir enumerando hasta que se me acabe la batería del portátil. El caso es que todas esas miserias marcaban a la persona. Luego ya dependía de cómo te enfrentaras a la dureza del día a día: unos decidieron no querer ver, otros (los más débiles) se dejaron seducir por el lado oscuro, otros la sufrieron en silencio, otros nos marchamos…

Pese a la dureza del lenguaje, a la violencia de las situaciones, a la maldad que rodea la historia (y no solo la del asesino en serie), en toda la novela hay ternura hacia Carabanchel y sus gentes. ¿Añoranza a la infancia? ¿Al conocer otros horizontes vistes que muchas cosas no eran tan negativas?

El lenguaje no es duro. El lenguaje es preciso. El castellano tiene una palabra para cada cosa y el narrador busca la exacta, no la más efectista, ni la más dura, ni la más exagerada, sino la más exacta, la que te dice el diccionario. Sucede que si la realidad es dura y el lenguaje es exacto, el lenguaje parece duro; si la realidad es bella y el lenguaje es exacto, el lenguaje parece bello.[pullquote-right] «Una novela no se escribe en dos meses. Y si la escribes en dos meses, ponla en el suelo y ella misma irá caminando al cubo de la basura.». [/pullquote-right]

No todos los lectores se dan cuenta de la inmensa ternura que muestra el narrador hacia Carabanchel y sus habitantes. A veces siente compasión, a veces pena, a veces misericordia, pero en ningún caso rencor. El narrador, si pudiera, abrazaría a todos los personajes y los llenaría de besos. Carabanchel es el barrio de mi infancia y de la infancia no te puedes desprender jamás. La infancia no siempre es el paraíso perdido: en algunos casos puede ser un infierno. En mi caso (a pesar de los pesares) tiene más de paraíso que de infierno. Me fui de España y al cabo de los años regresé y vi que todo el barrio había cambiado. No había nada de lo que había antes. Y lo eché de menos. Lo eché de menos como jamás pensé que lo echaría. Escribí la novela para que ese barrio en ese tiempo concreto no se perdiera. Es un homenaje.

Muchos habían visto al taxista roquero. Sentado en el bordillo de la acera se hablaba de él. ¿Los sueños juveniles llegan a materializarse?

Es el inmenso poder de la imaginación. El pueblo genera sus propias vías de escape. La existencia del taxista roquero (como se dice en la novela) era la prueba de que todo era posible. Y la gente (en aquel tiempo y en aquel lugar) tenía mucha necesidad de esperanza.

Haces alarde de un gran sentido del humor. Logras que el lector suelte una carcajada en momentos verdaderamente truculentos. ¿Ha sido complicado conseguir esa complicidad entre autor y lector?

Es lo que decía antes de la mirada del escritor. No se trata de contar algo muy cabrón de una manera chistosa, sino que abrir un respiradero para que el lector no reviente de tanto contener el aliento. A veces esa carcajada es una liberación. A veces es el nerviosismo el que te lleva a la risa. En cuanto a la complicidad… Esta novela no existe sin la complicidad del lector. Aquí el autor le dice: mira, hay una historia que quiero que sea contada, pero sin tu colaboración es imposible contarla, ¿te atreves? El lector que se siente seguro en el confortable sofá del planteamiento, nudo y desenlace y que quiere que la novela sea un fósil de sí misma y no una ventana a la libertad y la experimentación, no te ayudará. El lector que lee las cinco primeras páginas de «Te quiero porque me das de comer» y entonces cierra el libro y se queda pensando en lo que ha leído… Ese es el lector que necesita la novela para seguir creciendo.

Tu libro es un magnífico estudio sobre la mente criminal del asesino en serie y de los asesinos en general ¿Qué motivó esta inquietud?

El protagonista es un asesino en serie y el narrador (cuando habla de él) tiene que saber lo que está diciendo. La psicología del psicópata es muy compleja y contradictoria y hace falta investigar / leer / estudiar mucho para poder poner en pie un personaje como Max Luminaria.

Con tu libro logras que miremos Carabanchel con otros ojos. Este barrio es uno de los principales protagonistas de la novela. Irradia ternura. ¿Le debías este homenaje?

No sé si se le debía un homenaje, pero se lo hice. Ahora él está en deuda conmigo: me debe un homenaje a mí.

En España hemos dado un giro de 180º, de pasar a vivir con desahogo hemos pasado a encontrarnos ante un presente y un futuro incierto. ¿Cómo crees que será la sociedad española a partir de esta gran estafa? ¿Proliferará el mal?

El mal no ha dejado nunca de proliferar. El diablo se disfraza de agente antidisturbios.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrenta un joven escritor?

[pullquote-left] «No temía al rechazo porque al rechazo ya me he acostumbrado.» [/pullquote-left]

No leer (me refiero a no leer compulsiva y obsesivamente). No ser autocrítico (creerse la babosa adulación de los seres queridos después de leer un cuento que, por supuesto, siendo joven el escritor, será malo). No escribir todos los días (tenga algo que contar o no). No darse cuenta (llegado el caso) de que no tiene talento para escribir (lo cual no significa que no pueda ser un genio en física nuclear). Escribir por deseos de fama. La angustia de publicar a toda costa. El objetivo del joven escritor no debe ser que le editen. El objetivo del joven escritor es llegar a escribir bien. Lo cual es imposible sin leer.

¿Para cuándo el próximo libro?

No lo sé. Entre el primer libro y el segundo pasaron dos años; entre el segundo y el tercero, ocho; entre el tercero y el cuarto, dos; entre el cuarto y el quinto, tres. En contra de lo que se opina por ahí, creo que es un ritmo rápido. Una novela no se escribe en dos meses. Y si la escribes en dos meses, ponla en el suelo y ella misma irá caminando al cubo de la basura.

Autora de la entrevista: Marisa Caballero

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BIOGRAFÍA DE DAVID LLORENTE

Nace en Madrid en 1973. En esta ciudad publica las novelas Kira, premio Francisco Umbral de novela corta 1998, y El bufón, premio de narrativa Ramón J. Sender 2000. En el año 2002 se traslada a vivir a Praga (República Checa), donde escribe las novelasOfrezco morir en Praga y De la mano del hermano muerto, esta última también traducida al checo. En esta ciudad crea el grupo de teatro Séptimo miau, cuyas obras escribe y dirige él mismo. Ha representado por casi todos los países de Europa Central y del Este y ha obtenido diversos premios en varios festivales de teatro internacionales. Algunas de sus obras han salido publicadas en el libro Los árboles dormidos.

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