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Reseña de “Secuencias de piel sobre el invierno”, de Ramón Martínez López | #MundoLiterario

“Secuencias de piel sobre el invierno”, el poemario de Ramón Martínez López que publica Esdrújula Ediciones, es

  • “Secuencias de piel sobre el invierno”, el poemario de Ramón Martínez López que publica Esdrújula Ediciones, es un libro minucioso encuadrado en la Poesía de la Experiencia pero que va mucho más allá.
  • Temas como el amor, el paso del tiempo y la memoria son tratados de un modo personal capaz de introducirse en los rincones más íntimos de la sentimentalidad del lector.
  • Escribe la reseña nuestro compañero Kike Hernádez:

invierno

Cuando abrimos “Secuencias de piel sobre el invierno” (Esdrújula Ediciones), encontramos a un poeta que, independientemente de poder encuadrarse en una corriente literaria específica, ha encontrado hace tiempo su propia voz poética y su propia tradición narrativa. La poesía de Ramón Martínez López es urbana, llena de realidad y cercanía con el lector, pero a la vez es mucho más que eso: las temáticas como el desamor, el paso del tiempo, la pérdida de ocasiones, la memoria, son tratadas de un modo único y minucioso. A través de su poesía delicada y cuidada (que muchas veces se desprende de ropajes y adornos), el lector es capaz de viajar a través de la memoria sentimental del poeta y, de esta manera, conectar con la suya propia.

Luis García Montero ha afirmado en muchas ocasiones que la conexión entre el texto y la propia experiencia del lector es algo crucial para que suceda la magia de la poesía. Como ya señalaba de hecho en uno de sus poemas: «Déjame que responda, lector, a tus preguntas, / mirándote a los ojos, con amistad fingida, / porque esto es la poesía: dos soledades juntas / y una experiencia noble de contarnos la vida». Recordamos al conocido poeta granadino porque, no en vano, la relación entre García Montero y el autor de «Secuencias de piel sobre el invierno» viene de largo. Como señala Remedios Sánchez (profesora de la Universidad de Granada) en el prólogo de la obra, Ramón Martínez tuvo la oportunidad de trabajar codo a codo junto a Luis García Montero mientras desarrollaba su tesis doctoral sobre el teatro de Lorca.

Pero encuadrar a Ramón Martínez simplemente en la Poesía de la Experiencia sería injusto, porque estaríamos ocultando gran parte de su potencia estilística y su poder expresivo. Su poesía puede tener, efectivamente, una profunda base en relación a la experiencia vital, a los sucesos cotidianos, a la gran trama que es la vida misma. Pero, al mismo tiempo, en su narrativa es capaz de romper con muchos límites expresivos y ahondar aún más en el intimismo que mejor le define.

Su poesía suele estar formada por verso blanco (sin rima pero con métrica) y construyéndose sobre número de sílabas impar (5, 7, 9 y en ocasiones 11 sílabas o incluso algún alejandrino de 14), en general una práctica muy usual entre los poetas de la Experiencia, que con esa capacidad de “quebrar” las frases (de cara a mantener la métrica) logran mostrar al lector una nueva visión de ciertas frases o acentuar ciertas ideas. Posiblemente, este esquema de métrica sea el que mejor es capaz de realizar un equilibrio entre expresión y estructura poética.

Besar tu cuerpo es descubrir el mundo,

acariciarlo con la punta de los dedos.

Ser un instante, eterno; un segundo, infinito

en el contorno errático de tu cabello;

casi un Dios, anhelante de tu pubis,

perdido en los escollos de tu pecho.

Besar tu cuerpo es descubrir el mundo,

verlo a través de tus ojos, como en sueños.

Con títulos como “Frágil levedad del calendario” o “Era el tiempo” comprobamos cómo sus poemas tienen presente en todo momento el transcurso del tiempo y los cambios de perspectiva que ello provoca en la memoria. Los momentos se detienen y se hacen imborrables, se insertan en la memoria como un faro que guía el presente con un ojo puesto en lo ocurrido y una esperanza (aún sin mancillar) en lo que nos depara el futuro: «Sí. Era el tiempo de los sueños y las risas. / Y nosotros, cuerpos amarrados al instante».

Durante el desarrollo del poemario no es sólo invierno lo que podremos encontrar retratado. De hecho, el libro podríamos decir que comienza con el internamiento en el invierno, es decir, los prolegómenos de su llegada. Cuando septiembre ha pasado y el otoño parece llegar a su fin; cuando la melancolía y el ensimismamiento se ven sustituidos por el irremediable frío: “Era un septiembre pausado / tu cuerpo sobre mi cuerpo”. Porque, efectivamente, el cuerpo será el otro protagonista. De algún modo, será la víctima del invierno, será quien se encargue de ser testigo, mediante el retrato (en continuo movimiento) que la piel realiza. Deja constancia de lo ocurrido, en forma de secuencias que nos muestran la cinematografía del pasado y del presente.

El amor es, como decíamos al principio, el otro gran protagonista del poemario. Un amor que no en todos los poemas se encuentra vivo o al menos con la misma apariencia que antes (“Ahora que el mar se cobija en mis recuerdos / y tus ojos ya son parte de su antiguo oleaje”), sino que en muchos de ellos aparece en la mente del poeta procedente de sus recuerdos, activando en el lector el mosaico propio de emociones de la juventud. De algún modo, en los poemas de Ramón cierta parte del amor quedó atrás, en el otoño, allá donde los cuerpos se unieron eternamente para solo ser separados por la insolencia del tiempo: “Somos dos árboles febriles / en los márgenes serenos de un río / (…) caminos de un camino / que termina en nosotros / que empieza en tu cuerpo”.

Hoy, 1 de septiembre, de no sé qué año

hago recuento de caricias y nostalgias.

Ahora que las canas me recuerdan los cuarenta

y el tiempo me sonrosa las mejillas.

Ahora que las mechas han sido derrotadas por el tinte

y mi rostro deja al descubierto las heridas.

Ahora que mi pecho persigue otros contornos

y mi abdomen olvida su dureza contenida.

Ahora que quizás te echo de menos

y mi nuevo cuerpo recuerda tu sonrisa antigua.

Hoy, 1 de septiembre, de no sé qué año

hago recuento de nostalgias y caricias.

Este poemario está publicado por Esdrújula dentro de su colección «Diástole», dedicada a la poesía. Como ya señalábamos en su momento, esta editorial, fundada por Víctor Miguel Gallardo y Mariana Lozano Ortiz, apuesta por la publicación de libros con gran calidad de edición, reivindicando además el libro como obra de arte. Dan muestra de ello otras publicaciones suyas que también hemos recogido en Universo la Maga, como la antología «Todo es poesía en Granada« o la novela «Aventuras de Alicia bajo tierra»

En definitiva, un poemario imprescindible en el cual el amor (presente o pasado, fruto de la memoria o de la pasión) se funde con las estaciones. Un poemario en el cual el tiempo aparece transformado en invierno. Ese invierno que nos espera cuando las últimas hojas de la juventud se han desprendido de sus ramas, ese frío para el que hay que estar bien preparado con poesía, con memoria y con la piel preparada para recibir a todo aquello que nos queda por descubrir. Quizás el invierno sea sólo el prólogo de otra época aún por escribir. Mientras tanto, tendremos los poemas de Ramón, directos, sinceros y minuciosamente compuestos, para recordarnos que somos testigos de todo lo que ocurre, incluso de nuestra propia vida.

Autor de la reseña: Kike Hernández
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