Reseña de «Gajos de naranjas», de Jacqueline Cruz | #MundoLiterario

La novela de Jacqueline Cruz «Gajos de naranjas» (Editorial Círculo Rojo) narra con gran originalidad las dificultades

La novela de Jacqueline Cruz «Gajos de naranjas» (Editorial Círculo Rojo) narra con gran originalidad las dificultades de ser mujer y las complicaciones que conllevan las relaciones sentimentales. Escribe la reseña nuestra compañera Marisa Caballero:

[dropcap]S[/dropcap]ara Saavedra tiene 41 años y es profesora en una universidad de los jesuitas. Su infancia fue infeliz; nacida en Cádiz (ciudad que añora profundamente), fue criada en Sevilla por una tía que se vio obligada a cargar con ella tras la prematura muerte de su madre y en ningún momento dejó de echárselo en cara. Tras doce agobiantes e insatisfactorios años de matrimonio llegó el divorcio, retardado durante demasiado tiempo. Cuatro años después, dejó la ciudad de Sevilla y su trabajo en la Hispalense, y se trasladó a Madrid para iniciar una nueva vida. Ahora por fin se siente libre y dueña de sus actos, pero su nuevo empleo (bajo la falsa modernidad de esa universidad privada) no acaba de convencerla.

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Rabiosamente independiente, ha jurado no volver a caer en la trampa del amor romántico ni de las convenciones sociales que rigen la vida de las mujeres. Está convencida de que los hombres buscan compañeras domésticas que laven su ropa, guisen y procreen pero, a la hora [pullquote-right] «Sara Saavedra tiene 41 años y es profesora en una universidad de los jesuitas». [/pullquote-right]de buscar buen sexo, prefieren hacerlo fuera de casa. Incluso cuando hablan de relaciones abiertas únicamente son así para ellos. Sara está convencida de que no existen medias naranjas, únicamente gajos. Si quieres una naranja entera, debes encontrarla dentro de ti, puesto que cada uno de nosotros lo es ya.

Caleta de Cádiz

Caleta de Cádiz

A través de una página de contactos lleva una vida sexual que se adapta a sus necesidades. El mundo del ciberligue le permite conocer a todo tipo de individuos y también de restaurantes (generalmente les deja elegir a ellos). Ella impone unas reglas estrictas: los gastos se pagan a medias, no acepta ningún tipo de regalos (ella no es una puta y si no que le pregunten a Juan qué ocurrió con su cuadro) y a sus ligues no les permite dormir en su casa. A veces sus citas se malogran porque ella toma la iniciativa y muchos hombres se acobardan ante esa postura.

Todo funciona a las mil maravillas hasta que aparece en su vida Raúl. Él es diferente, por lo que todas sus señales de alarma se disparan y, como está acostumbrada a hacer, Sara las va desactivando una a una. Comienza así una novela en la que viviremos con nuestra protagonista las pesadillas que le acechan por la noche, el sentimiento de culpa que su indeseable tutora [pullquote-right] «Rabiosamente independiente, ha jurado no volver a caer en la trampa del amor romántico ni de las convenciones sociales que rigen la vida de las mujeres». [/pullquote-right]le inculcó de niña y sus problemas económicos: todos los meses le retiran un tercio de su sueldo para contribuir a la residencia donde está alojada su tía, puesto que en cierto modo debe pagar cada plato de lentejas y cada vaso de leche que tomó de niña. Pero también disfrutaremos de su rabiosa independencia y su profunda honestidad para con sus principios. Por ellos irá recorriendo una serie de senderos que la llevan del placer al sufrimiento, y que ella apurará hasta la última gota.

La novela está escrita de forma desenfadada y nuestra protagonista utiliza con frecuencia un lenguaje vulgar, casi “de camionero”, que afianza su igualdad ante los hombres y que ella siente que le permite alejarse del estereotipo de mujercita vulnerable. También aparecen con frecuencia situaciones hilarantes y chispeantes diálogos que hacen soltar una carcajada:

   Nunca he compartido a una mujer, por lo menos a sabiendas murmuró él con gesto sombrío.

   Sara se sobresaltó.

   Las personas no se comparten replicó—. Las personas no son tartas que puedan comerse enteras o cortarse en pedacitos, ni fajos de billetes que puedan dividirse en fracciones, equitativas o no. No soy compartible. Soy sólo una y, cuando estoy con alguien, estoy toda yo.

   Touché. Ahora me vas a acusar de ser un machista asqueroso, que considera a la mujer como una propiedad. No quería decir eso, créeme, sino que

Narrada en tercera persona, sus descripciones del sexo intenso, plenamente satisfactorio, que la mayoría [pullquote-left] «Todo funciona a las mil maravillas hasta que aparece en su vida Raúl. Él es diferente, por lo que todas sus señales de alarma se disparan». [/pullquote-left]de sus ciberligues (y sobre todo Raúl) le hacen experimentar son relatadas con naturalidad. A lo largo de sus veintiún capítulos nos encontraremos con diversos personajes y relaciones de pareja; complejas y dolorosas unas, otras plenamente satisfactorias. A través de ellas y de los ligues de Sara, veremos claramente la doble moral que preside muchas relaciones y también problemas sexuales de los que no se suele hablar.

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Para Sara su única familia son su amiga Gabriela (Gabi), casada con un hombre violento, madre de un bebé y sin trabajo (la novela se sitúa en el 2005, cuando ya planeaba la crisis y la precariedad laboral sobre el país) y su amigo Jaime, víctima de los celos irracionales de su mujer. Jaime es como un hermano para nuestra solitaria protagonista y, pese a lo que crea la celosa esposa, nunca han tenido sexo. También entrarán en escena Laura (la hija de Raúl) y su novio Fernando, y Sara se involucrará en esta relación, saltándose sus principios de no buscarse complicaciones. Por otro lado, le sorprende la pareja formada por Raquel (la hermana de Raúl) y Eduardo, quienes, pese a llevar muchos años juntos, viven su relación con pasión y respeto mutuo.

Todos ellos ampliarán la visión de Sara y la nuestra. Comprobaremos que hay muchas formas de afrontar las relaciones de pareja, la procreación y el sexo. «¿Nadie es autosuficiente?», se preguntará [pullquote-left] «refleja de forma muy original qué representa en estos momentos ser mujer: raramente son libres, ni siquiera en los países occidentales». [/pullquote-left]Sara. Tal vez no, pero sí se puede ser libre. A lo largo de la novela, veremos la evolución de esta mujer independiente ante el amor, cómo éste afecta a sus ansias de libertad física y sexual, así como las ataduras que su pareja intenta imponerle. Sara tendrá que tomar una decisión, pero con ella nada es ni fácil ni previsible, y os aseguro que el final es sorprendente y hace mirar con cariño y respeto a su protagonista, aunque también con inquietud.

La novela me ha parecido realmente interesante, de rabiosa actualidad. Nos dice su autora que invita a reflexionar sobre las relaciones afectivas en la sociedad española del siglo XXI. Yo añadiría que refleja de forma muy original qué representa en estos momentos ser mujer: raramente son libres, ni siquiera en los países occidentales. Gajos de naranjas es una novela círculo rojocompleja en la que ríes; lees sus 306 páginas disfrutando, pero también sufriendo con los encuentros y desencuentros de sus personajes. Está cargada de erotismo que en ningún momento cae en la vulgaridad. Está muy bien narrada y los tiempos del argumento están perfectamente administrados. La edición está muy cuidada: el papel es excelente e incluye un marca páginas a juego, demostrando una vez más que contenido y continente pueden (y deben) estar a la par en la literatura. Es la primera novela de la autora y espero que disfrutemos pronto de la siguiente.

Autora de la reseña: Marisa Caballero

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BIOGRAFÍA DE LA AUTORA: JACQUELINE CRUZ

jacqueline-cruz1Profesora universitaria e investigadora especializasa en estudios de género. Tiene un Doctorado en Lenguas y Literaturas Hispánicas por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Es autora del libro Marginalidad y subversión: Emeterio Gutiérrez Albelo y la vanguardia canaria (Santa Cruz de Tenerife: Cajacanarias y Cabildo Insular de Tenerife, 1995) y de numerosos artículos académicos de crítica literaria, cinematográfica y cultural. Ha coeditado, junto con Barbara Zecchi, el volumen La mujer en la España actual: ¿Evolución o involución? (Barcelona: Icaria, 2004) y coordinado la sección monográfica “Género y violencia en las culturas hispánicas” de la revista La Nueva Literatura Hispánica (8-9). También ha traducido varios libros para la colección “Feminismos” de Cátedra y desde 2005 es profesora de literatura española y latinoamericana en la Universidad de Nueva York en Madrid. Entre 2006 y 2011, impartió anualmente el curso “Género, cine y sociedad”, patrocinado por el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid y subvencionado por el Instituto de la Mujer y en la actualidad modera un Club de Lectura de literatura estadounidense en el Instituto Internacional de España en Madrid. Gajos de naranja es su primera incursión en el terreno de la creación literaria.

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