«Vampiros porteños», de Ramiro Sanchiz (Meninas Cartoneras) | RESEÑAS UNIVERSALES

Nuestro compañero Enrique Hernández Gómez-Arboleya nos presenta la reseña del libro «Vampiros porteños, sombras solitarias».

Nuestro compañero Enrique Hernández Gómez-Arboleya nos presenta la reseña del libro «Vampiros porteños, sombras solitarias». Una novela de Ramiro Sanchiz llena de rocanrol, literatura y nihilismo, presentada en un formato muy atractivo por la original editorial Meninas Cartoneras.

Vampiros porteñosLa gran diferencia entre los libros en papel y los digitales es que aquellos tienen contenido y continente. El formato, la encuadernación, la portada, el tipo de papel, la letra, la forma de ordenar los capítulos, etc. Todos estos factores hacen que, antes de leerlos, haya libros que nos gusten más que otros.

Pues bien, lo primero que tenemos que hablar de este libro es del continente. Estamos ante un libro que, como indica la editorial, incluye «artesanía, reciclaje y literatura”. Las tapas son de cartón celular plastificado; los dibujos son recortes de algún otro lugar y están pegados; los títulos están escritos a mano o con letras recortadas y pegadas a un cartón que a su vez está pegado a la portada plastificada; y el cosido de las tapas y de las hojas interiores está hecho a mano. Estamos, pues, ante una presentación bastante original.

obelisco-buenos-aires-05En cuanto al contenido, la novela comienza con los tres protagonistas –Federico, Ligeia y Gonzalo– sentados en la plaza donde se cruzan las avenidas de  Corrientes y la Nueve de Julio a las 9,30 de la mañana de un día frío del mes de junio. Federico pensaba: “Las drogas ya habían hecho efecto hacía rato, pero fue el momento en que sentí que el obelisco se inclinaba hacia mi cabeza cuando entendí de una vez para siempre que todo se había ido al demonio”.

Nuestros tres protagonistas eran de Montevideo y habían ido a Buenos Aires tocar en una discoteca para una fiesta gótica que se celebraba anualmente. Ligeia tiene un grupo de rock gótico, llamado Santuario, por el que habían pasado mucha gente sin durar mucho tiempo. El grupo había participado en la fiesta de 2003. La banda era realmente un trío (dos guitarras y cantante), ya que del bajo, la batería y algunos teclados se encargaba un reproductor mp3 cargado con las pistas básicas de los temas.

Ligeia se comportaba frente al público con la ética del desprecio absoluto. Federico describe a Ligeia como: “Una mujer de 36 años que, arriba del escenario y envuelta en la peor borrachera de la historia, podía generar esas notas y esas palabras capaces de desnudarte por completo y volverte consciente de todas las tragedias del mundo, de tu desamparo esencial, de tu soledad y de lo extraño de un mundo en el que todo era no solo posible, sino que era, la voz de Ligeia te lo decía cantara lo que cantase, el sustrato básico a todo lo que encontraras en tu vida”

Federico era la primera vez que tocaba con el grupo. Le había pedido prestado a un amigo llamado Andrés 50 dólares “de emergencia” para el viaje y la guitarra para el concierto. Al mediodía del viernes de la partida, se encontró con otro amigo, Rex, que le regaló una de sus sustancias de diseño.

Salen de Montevideo el viernes por la noche y llegan a Buenos Aires a las 9 de la mañana del sábado después de un viaje de pie porque compraron tarde los billetes.  El toque en la discoteca es a las 11 de la noche.  Pensaba pasar la noche del sábado y el domingo con una chica que había conocido por Internet.

A la hora convenida se presentan en la discoteca para probar el sonido. Cuando acaban de probar micrófonos, guitarras y mp3, el propietario les regala “un vino mendocino, un Jameson y una botella de ginebra”. Ligeia quiso abrir las tres bebidas de inmediato, pero la convencieron de tomar un poco del whiskey irlandés y dejar el vino y la ginebra para Montevideo. Federico tenía la teoría de que “… un poco más en pedo y los acordes se derretirían en mi mano izquierda, un poco menos y no me permitiría arriesgarme lo necesario para hacer música de verdad”. El tercer componente, Gonzalo, no solía beber antes de los conciertos. A mitad del toque, Federico se toma la pastilla de diseño y Ligeia casi la botella entera de whiskey. En ese estado, borrachos y drogados comienzan a recorrer un calvario para volver a Montevideo.

ImprimirEl libro está impregnado del nihilismo de los protagonistas y de los personajes secundarios que se relacionan con él. También les falla todo lo que puede fallar, en aplicación de la ley de Murphy: “si algo puede salir mal, saldrá mal”.

El libro destila también los gustos del autor, guitarrista y compositor de varias bandas de rock, por la música: Bowie (The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spidres from Mars), Brian Eno (Before and after science), The Cure (Inbetween days), Jim Morrison, Cabaret Voltaire, The Doors, Marilyn Manson, Rammstein (y otras muchas bandas de rock) y, como profesor de literatura y filosofía, por la literatura.

Autor de la reseña: Enrique Hernández Gómez-Arboleya

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EL AUTOR: RAMIRO SANCHIZ
Desde muy joven ha publicado artículos y cuentos de ficción en revistas especializadas de Uruguay. Guitarrista y compositor de varias bandas de rock, ahora se dedica al periodismo cultural y a la docencia de filosofía y literatura. En lo referente a su actividad literaria, ha participado en compilaciones de nuevos narradores como El descontento y la promesa o Esto no es una antología. En mayo de 2010 publica la novela corta Del otro lado, con la editorial La Propia Cartonera.

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